30 de diciembre de 2001

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La vida según ...
Erick L. Lemus
vertice@elsalvador.com

5 para las 12

Hace dos años el mundo tenía sus ojos expectantes en las manecillas del reloj. Un siglo estaba a punto de morir y un milenio por empezar. El jardín de la tulerías y los Campos Eliseos parisinos lucían rimbombantes decorados a lo largo de la ancha alameda.
En el puerta de Brandenburgo, una Alemania unida rebozaba de ale-
gría. En Barcelona, Plaza Catalunya era el escenario donde un gigante (armado por acróbatas y tubos de metal) avanzaba hacia las doce de la medianoche.

En Betelu, un poblado vasco, se degustaban los manjares y los turrones. A este lado del Atlántico, las luces de Times Square lucían locas. La nieve se fundía en medio del calor neoyorquino que apuraba la cuenta regresiva.
Los chamanes de la Sierra Taraumara evocaban a sus ancestros con peyote y palpaban los colores y saboreaban los olores.

En cambio, 1999 al año 2000 no supuso mayor tensión en San Salvador.
Recuerdo que la zozobra originada por la delincuencia, el alto costo de la vida, la consolidación
de la vida política y los etcéteras de un país que camina hacia la democracia no ocuparon más de los titulares habituales. Lo mismo de siempre. Ahora, dos años más tarde, me toca revivir otro
episodio; pero, con el agravante que el mundo vive modificaciones a fuerza de atentados y desas-
tres naturales.

Los neoyorkers y los tecleños ya no serán los mismos. Entre los ufanos ejecutivos bancarios que deambulan durante los mediodías por TriBeCa o el Bajo Manhattan y los pasmados sobrevivientes de Las Colinas, sin embargo, hay una gran semejanza. El dolor los unirá en sus recuerdos a pesar que ni uno ni otros reconocerá sus existencias. Entre los desamparados de Nueva Guadalupe, San Vicente, y los refugiados afganos en la frontera con Paquistán, sin embargo, hay una semejanza. El hambre les recordará que mañana es una noche como cualquier otra.

Así es el mundo. Difuso, a veces; intenso, a otras. El año 2001 se va con la esperanza de recobrar lo extraviado, lo perdido; por eso es que la tarea del 2002, como periodistas, no será otra que fiscalizar lo público y descubrir lo vedado a los ojos de ustedes como lectores. Mucho más que una dirección confusa en el Zoológico o la prostitución infantil con rostro en San Salvador, San Miguel,
Guatemala, el reto será que el año 2002 no se anticipe como un avionazo fulminante sobre la ca-
beza de todos, sino sea una etapa donde la demo
cracia y el estado de derecho se cultiven a base de razones y argumentos, sin heridas ni amenazas.

 


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