|

La
vida según ...
Erick
L. Lemus
vertice@elsalvador.com
5
para las 12
Hace
dos años el mundo tenía sus ojos expectantes en
las manecillas del reloj. Un siglo estaba a punto de morir y un
milenio por empezar. El jardín de la tulerías y
los Campos Eliseos parisinos lucían rimbombantes decorados
a lo largo de la ancha alameda.
En el puerta de Brandenburgo, una Alemania unida rebozaba de ale-
gría. En Barcelona, Plaza Catalunya era el escenario donde
un gigante (armado por acróbatas y tubos de metal) avanzaba
hacia las doce de la medianoche.
En Betelu, un poblado
vasco, se degustaban los manjares y los turrones. A este lado
del Atlántico, las luces de Times Square lucían
locas. La nieve se fundía en medio del calor neoyorquino
que apuraba la cuenta regresiva.
Los chamanes de la Sierra Taraumara evocaban a sus ancestros con
peyote y palpaban los colores y saboreaban los olores.
En cambio, 1999 al
año 2000 no supuso mayor tensión en San Salvador.
Recuerdo que la zozobra originada por la delincuencia, el alto
costo de la vida, la consolidación
de la vida política y los etcéteras de un país
que camina hacia la democracia no ocuparon más de los titulares
habituales. Lo mismo de siempre. Ahora, dos años más
tarde, me toca revivir otro
episodio; pero, con el agravante que el mundo vive modificaciones
a fuerza de atentados y desas-
tres naturales.
Los neoyorkers y los
tecleños ya no serán los mismos. Entre los ufanos
ejecutivos bancarios que deambulan durante los mediodías
por TriBeCa o el Bajo Manhattan y los pasmados sobrevivientes
de Las Colinas, sin embargo, hay una gran semejanza. El dolor
los unirá en sus recuerdos a pesar que ni uno ni otros
reconocerá sus existencias. Entre los desamparados de Nueva
Guadalupe, San Vicente, y los refugiados afganos en la frontera
con Paquistán, sin embargo, hay una semejanza. El hambre
les recordará que mañana es una noche como cualquier
otra.
Así es el mundo.
Difuso, a veces; intenso, a otras. El año 2001 se va con
la esperanza de recobrar lo extraviado, lo perdido; por eso es
que la tarea del 2002, como periodistas, no será otra que
fiscalizar lo público y descubrir lo vedado a los ojos
de ustedes como lectores. Mucho más que una dirección
confusa en el Zoológico o la prostitución infantil
con rostro en San Salvador, San Miguel,
Guatemala, el reto será que el año 2002 no se anticipe
como un avionazo fulminante sobre la ca-
beza de todos, sino sea una etapa donde la democracia
y el estado de derecho se cultiven a base de razones y argumentos,
sin heridas ni amenazas.
|