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¿Y
dónde está el juez?
La
entrada en vigencia de los nuevos códigos Procesal y Penal
supuso un avance en materia jurídica en el país;
sin embargo, a tres años de su puesta en marcha, el relajamiento
actual entre los operadores de la ley afecta, en gran medida,
la aplicación de una pronta justicia.
Este es el caso de
los jueces de paz de turno en San Salvador, quienes realizan su
turno, pero no desde las oficinas de los juzgados de paz, sino,
desde el más mullido rincón de sus hogares, el cual,
en muchas ocasiones, no están dispuestos a abandonar.
Ana
Lidia Rivera/Claudia Zavala
vertice@elsalvador.com
La celebración
de la noche vieja para el personal de turno del juzgado de Paz
de San Salvador no será muy distinta de las que han sido
en los últimos tres años. El juez de paz, el secretario
y el resto del personal, de turno, estarán brindando y
departiendo con sus familiares y amigos mientras los teléfonos
celulares sonarán sin ser nunca contestados.
Durante las jornadas
de turno normal, es decir, en días no festivos, esto es
frecuente; así que este fin de añono tendría
por qué ser la excepción. Las dificultades con que
fiscales y abogados se enfrentan a la hora de presentar o solicitar
algún requerimiento o diligencia en los juzgados de paz
de turno (después de las seis de la tarde, en San Salvador)
muchas veces termina siendo un rosario de obstáculos que
lejos de contribuir al buen procedimiento viene a redundar en
retrasos.
Un Acuerdo de Corte
Plena (ver recuadro) estableció que el personal de turno
(jueces de paz, secretario y resto de colaboradores) puede irse
a sus casas a partir de las seis de la tarde, pero que estarán
localizables en sus viviendas a través de llamadas telefónicas
o mensajes de beeper. Los
15 juzgados de paz existentes en la capital, laboran desde las
ocho de la mañana hasta las cuatro de la tarde. A partir
de esa hora uno de esos 15 juzgados pasa a realizar el turno de
cuatro a seis de la tarde. Los turnos son sucesivos y van del
primero al quince los 365 días del año y, en teoría,
este se extiende hasta las ocho de la mañana del siguiente
día.
En
la práctica
La realidad es más
fuerte que los deseos y las buenas intenciones de las autoridades
de la Corte Suprema de Justicia. En la práctica lo que
ocurre es que -con frecuencia- los jueces de turno son inlocalizables
no porque se carezca de los recursos para ubicarlos sino porque
están desconectados.
Se supone que
los vigilantes del Centro Judicial tienen los números telefónicos,
pero cuando estos les llaman se encuentran con que están
apagados. Por ilógico que parezca, nosotros
no contamos con los teléfonos de los jueces de turno,
comentó a Vértice un fiscal que -en más de
alguna ocasión- ha requerido de los servicios de los aplicadores
de justicia en horas nocturnas.
El juez del Décimo Segundo de Paz de San Salvador,
Mario Osmín
Mira Montes, se defiende de los señalamientos. No
siempre salgo a las seis de la tarde. Si tengo que autorizar registros
y allanamientos estoy aquí hasta la hora que sea. Igual
ocurre con el personal. Pese a la disposición y diligencia
que el juez Mira Montes muestra a la hora de la entrevista, existen
antecedentes que no reflejan lo mismo en algunos de sus colegas.
En días recientes, la Policía Naciona Civil (PNC),
realizó una serie de capturas en la zona de Santa Marta
en el Barrio San Jacinto, al sur de la capital. A los detenidos
se les acusaba de haber participado en la muerte de al menos dos
polícias.
Los fiscales
llegaron con los imputados faltando cinco minutos para las cuatro.
Ellos iban a presentar los requerimientos al Octavo de Paz; pero,
cuando el juez y el resto del personal se enteró, se fueron
todos. Desaparecieron. Sólo quedó el secretario
y el encargado de la limpieza. ¿Qué pasó?
Los fiscales tuvieron que regresar a su base y modificar los datos
para que fuera el juzgado de turno, en ese caso el Tercero de
Paz, el que iniciara todos los trámites. El proceso se
vio por un momento tambaleante; aunque los fiscales regresaron
un cuarto a las seis, el personal del juzgado de turno todavía
estaba en la oficinas y el Juez de Paz ordenó la audiencia
inicial.
De todo
Dos fiscales en funciones entrevistados por Vértice para
este trabajo, señalaron que dentro de los operadores de
la justicia se encuetra de todo. Desde quienes son muy diligentes
y responsables con su labor así como quienes ni siquiera
contestan los teléfonos de sus casas y menos sus celulares.
Las fuentes recuerdan
que, en un principio, luego de la aplicación de los nuevos
códigos, los turnos duraban hasta las ocho de la noche;
pero, las quejas constantes de los jueces, provocaron que el turno
se viera constreñido hasta las seis de la tarde.
Los jueces se
han ido acomodando poco a poco, dice uno de los fiscales
más jóvenes. Sin embargo, señala que hay
jueces de paz que son ejemplo para el gremio. Este es el caso
de los jueces de paz de Cuscatancingo, que al margen de la hora
que sea se levantan de su cama y llegan hasta las oficinas del
juzgado cuando se les requiere.
Hace poco tiempo
tuvimos una situación difícil; necesitambamos que
el juez de paz de Mejicanos nos autorizara un allanamiento pero
se negó por teléfono argumentando que el caso no
estaba en su jurisdicción. Fue imposible hacerle entrar
en razón. Recurrimos al juez de turno de Cuscatancingo
y él nos autorizó el allanamiento.
La urgencia, según
el fiscal, era porque el imputado a través de su defensor,
alertó a la familia para que sacara las pruebas de la vivienda,
(en este caso armas). Debido a la actitud del juez de Mejicanos,
el registro se realizó con varias horas de atraso y arriesgó
el hallazgo de las armas.
La suerte fue que un policía que vigilaba la vivienda
observó cómo la esposa del imputado lanzaba las
armas al patio de la casa vecina.
Los fiscales y abogados
consultados, ubican los problemas así como las soluciones
en el campo de la comunicación. Según ellos la creación
de una oficina de recepción de solicitudes fiscales que
lleve control de todos los juzgados permitiría mayor fluidez.
Esto también haría el trabajo más equitativo
evitándo que algunos de los juzgados se recarguen más
que otros, recomienda un fiscal.
El otro punto es que
los jueces de turno, sin excepción, al menos mientras no
se resuelva de otra manera la forma de ser localizados con efectividad,
dejen los números telefónicos de sus casas, sus
celulares y sus beeper y sobre todo que contesten y se presenten
aunque sea a regaña dientes a cumplir con su deber.
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No
puedo despertar al juez
Fue hace
unos meses que me vi en un embrollo que me pudo haber costado
unos cuantos días en la carcel. Por suerte el abogado
que me defendió tuvo la suficiente capacidad para
hacer levantar, al juez de turno, de su cama.
Esa noche regresaba
a mi casa después del trabajo. Faltando unos metros
para el cruce de mi casa, encendí la vía al
tiempo que sentí que algo impactaba en el lado derecho
de mi vehículo. Era un motociclista que pretendió
sobreparsarme por la derecha en ese momento. Me detuve.
Lo ayudé a levantarse.
Pese a que observé
que no tenía más lesiones que una pequeña
laceración en su rodilla derecha llamé a la
Cruz Roja. También llegaron tres agentes de la delegación
de la Policía Nacional Civil de Zacamil.
Los socorristas
dijeron que el atropellado no presentaba problemas
por lo que no era necesario su traslado a ningún
centro hospitalario.
Sin embargo, la PNC me detuvo y decomisó mi carro.
En mi desesperación, por la posibilidad real de quedarme
tras bartolinas, llamé a la empresa donde trabajo
y de ahí enviaron al abogado que llegó a rescatarme.
En principio todo pareció facil.
Lesiones
culposas, fue la figura con que los agentes justificaron
mi detención. No tomaron en cuenta el atenuante que
significó que me detuviera a ayudar a la víctima,
que haya llamado a la Cruz Roja. Nada de eso bastó.
A la delegación
Me llevaron a la PNC de Zacamil y de allí iría
-sin duda alguna- a Cárcel de Mujeres. El abogado,
un habil de las leyes en el país no le vió
mayor problemas. No te preocupes, esto se resuelve
hoy mismo, me dijo. A las doce de la noche estábamos
ya en la Fiscalía de Mejicanos haciendo los trámites
para mi puesta en libertad. Todo parecía que iba
a tener un final feliz y que yo dormiría en mi casa
con mi familia; pero algo amenazó esa posibilidad.
No podrá salir esta madrugada porque no está
el juez.
Está dormido
en su casa dijo la Fiscal de turno. Yo, ignorante
de leyes, no entendí muy bien al principio lo que
eso signficaba. El abogado, mi abogado en ese momento, tomó
aire y le dijo con toda la educación y la fuerza
que merecía la situación: Él
está de turno y tiene la obligación de llamarlo
para que venga a ver esta diligencia. Tiene que hacerlo.
La fiscal se fue a otra sala para hacer la llamada que pareció
haber surtido algún efecto porque media hora después
el Juez de Paz de turno de Mejicanos apareció. Con
un gesto de disgusto firmó la orden de libertad que
me permitió dormir en casa.
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Nueva
normativa
Hace tres años,
Jueces y Fiscales acordaron realizar los turnos de la noche desde
sus casas.
A partir de la entrada en vigencia de los nuevos Códigos
Penal y Procesal Penal, en 1998, se estableció un acuerdo
entre Jueces de Paz y Fiscales. La idea era desempeñar
el servicio nocturno desde sus casa y, en caso de suscitarse una
emergencia, ambas partes se comunicarían para hacer efectivo
el procedimiento judicial.
Legalmente, consta
que los funcionarios judiciales que se encuentren de turno deberán
permanecer en las instalaciones de su Tribunal hasta las ocho
de la noche. Sin embargo, Vértice confirmó que la
mayoría de ellos se retira desde las seis de la tarde.
Homero Sánchez
Cerna, secretario general de la Corte Suprema de Justicia, asegura
que los jueces no reciben ningún tipo de pago extra por
las horas laboradas en la noche. Ellos lo asumen como parte
de su trabajo. Sólo se les da la alimentación, en
los casos que ameriten. Esos pagos entran vía fondo circulante,
explica.
Afirma que, en los
cinco años que lleva en el cargo, sólo recuerda
dos ocasiones en las que jueces han solicitado el pago de horas
extras por sus turnos nocturnos rotativos. Pero creo
que en la sección de Finanzas no han prosperado,
señala.
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