30 de diciembre de 2001

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Año nuevo en casa



Con el calor de un hogar diez niños entre los seis y trece años viven juntos compartiendo además de sus aventuras callejeras en San Salvador, un programa de reinserción familiar y social impulsado por Hogares Providencia.

Después de largos meses de ausencia, diez niños que deambulaban por las calles de San Salvador compartirán la última cena del año con su familia. Las barreras del abandono y rencor entre los menorcitos y sus progenitores se va disolviendo con el apoyo de “Hogares
Providencia” que desarrolla un plan de reinserción familiar para niños de la calle.

FOTOS EDH/ MANUEL ORELLANA
ESTELA HENRÍQUEZ
vertice@elsalvador.com

Rostros alegres de niños gritando y jugando pelo ta en el garaje, mientras otros al interior de la casa, permanecen hipnotizados por un programa de televisión, es la escena que se repite cada tarde en una casa de la Colonia Flor Blanca, en San Salvador.

Diez niños entre los seis a trece años, comparten juegos y un hogar, que no llena todos los requisitos de una familia, pero sí el vacío de atención que no tuvieron con sus progenitores.
Estos rostros alegres y los hipnotizados que estuvieron un día limpiando el parabrisas de su vehículo, extendiendo la mano para recibir una moneda en el bus o quizá para sacar la billetera de su bolsillo, ahora son parte de un programa que busca reinsertarlos en su familia y en la
sociedad.

“Tratamos de brindarle una aproximación al núcleo familiar, pero no sustituirle”, dice Pablo Ernesto
Beltrán, director de educación de “Hogares Providencia” que desde marzo de este año inició una etapa del gran proyecto que pretenden realizar para rescatar niños de las calles de San Salvador.

LOS PILARES

“Queremos realizar nuestro trabajo en cuatro pilares fundamentales”, expresa Beltrán y los detalla:
“Alianza de amor, que es el trabajo con los niños en la calle, en su territorio; Casa de Encuentro, un lugar donde puedan permanecer unas ocho horas. Que lleguen a dormir, lavar su ropa y tengan la opción de salir y regresar; Hogar de Amor, es el que tenemos ahora, una casa que sea su hogar, donde viven comen, duer men y reciben una educación integral, y la última etapa,
Regresando a la Vida Familiar que es la reinserción en sus hogares o en uno”.

En este esfuerzo de reintegración familiar, el equipo de “Hogar Providencia” ha trabajado con los niños y sus padres o familiares cercanos, tratando de fortalecer los vínculos afectivos entre ellos y resolver cualquier resentimiento, común en este tipo de situaciones.

“Ahora van a pasar la fiesta en su hogar, con su verdadera familia. El sábado los vamos a llevar a cada uno a sus casas; pero, el miércoles los vamos a traer de nuevo”, dice el educador, convencido que este ejercicio mejorará los lazos familiares que en un futuro permitirán el regreso del niño. “Regresando a la Vida de familia”, es la última de las etapas con templadas en el proyecto de “Hogares Providencia”, que no ha dado este paso porque no ha encontrado el ambiente propicio para que alguno de los menores bajo su tutela, regrese a su hogar.

Lo que buscan es que después de reintegrarlos a sus hogares, no regresen a la calle por lo que realizan una serie de inspecciones y visitas periódicas a los familiares de los diez niños.
“Carlitos” es uno de los rostros alegres que juegan pelota por las tardes, es aficionado a la música y tiene una voz privilegiada que lo ha llevado a participar en eventos artísticos realizados en el Instituto Salvadoreño de Protección al Menor del que se escapó hace varios meses para regresar a
la calle. Un titubeo al hablar que cualquiera diagnosticara como tartamudez, es parte de las lesiones psicológicas que han dejado una huella imborrable en su corta vida que apenas
sobrepasa los diez años.

“No sé que voy hacer cuando vea a mi papá”, dice con la inseguridad de sus palabras que desaparecen minutos después al entonar una canción. Él, como otros de sus compañeros en el hogar, son el resultado de una familia desintegrada, hundida en el círculo vicioso de la violencia intrafamiliar y sin recursos económicos para ofrecerle la educación formal a la que ahora tendrá acceso siendo parte de la familia Providencia.

 


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