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"Para muchos puedo ser un demonio
pero para otros puedo ser un Dios"
expresa, aceptando su doble
personalidad.
José Wilfredo Salgado
nació el 13 de marzo de 1966, en
la ciudad de San Miguel. Su padre,
Pompilio Salgado, era Policía
Municipal y se enamoró de una
jovencita 12 años menor. "Mi
mamá tenía 14 años
cuando nací" dice, recordando la
inmadurez y las condiciones
económicas de sus padres cuando
lo trajeron al mundo.
"Mi papá no tenía ni
casa para llevarse a mi mamá,
así que le pidió al
alcalde de entonces un terrenito.
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Le dijeron que comprara alambre y cercara un
espacio en el deslave del volcán, que es
donde ahora está ubicada la Colonia
Milagro de la Paz, conocida como 'la Curruncha",
dice mientras lamenta que su padre no comprara
un pedazo de alambre más grande para
hacerse de más.
Will Salgado creció y sigue viviendo
en "La Curruncha", una colonia conocida en San
Miguel por ser peligrosa y una de las zonas
más humildes.
Desde los cinco años se dedicó
a vender: inició con los billetes de
lotería, que por diez años fueron
la fuente de financiamiento para sostenerse
él y a su madre y dos hermanos.
"Cuando estuve en bachillerato me daba pena
que mis compañeros del Colegio de
Comercio me vieran vendiendo billetes. Cuando
los veía pasar me escondía",
recuerda.
El ejército
Entre sus clientes fijos estaban los
militares destacados en San Miguel. "Me
convertí en un niño guardia"
dice."En el cuartel comía, me compraban
billetes y ganaba por hacer mandados a los
militares. Tres sueldos y no me veían mis
compañeros", agrega.
Entró al Ejército en 1982 (al
Batallón Arce) con la idea de ganar un
buen sueldo; pero, después de tres meses
de disciplina militar, se dio cuenta que su
salario era de 80 colones mensuales.
"No pude desertar porque me amenazaron con
llevarse a mi hermano, así que
decidí ponerle ganas y ascender. No lo
hice porque me gustara la carrera militar; sino
para ganar más dinero" recuerda.
Se esforzó por tres años en
mantener la disciplina que nunca quiso. "Me
disgustaba tener un jefe, yo siempre he hecho lo
que quiero y ahí me tocaba obedecer
órdenes que no quería cumplir. Si
no lo hacía me castigaban" dice
comparando su época de recluta con las
órdenes que muchas veces le dio su padre
y cumplió después de discutir
largamente.
Durante su corta estadía en el
ejército, dio a conocer sus dotes de
negociante. "Hacía fotos en combate y si
salían buenas, valían 25 pesos"
dice.
El precio de estas fotos en los años
80 tenía un alto costo si se comparaba
con el precio de un estudio profesional. Salgado
también les cobraba el riesgo.
Los negocios
"También hacía barbacoas en mi
licencia, cada vez que regresábamos de
combate. No sabíamos si todos
estaríamos en la próxima
así que era una especie de despedida",
agrega.
Ingenuamente creí que estas barbacoas
eran cortesía de Salgado; pero me
aclaró que no. "Les cobraba 25 pesos, era
comida y música; les hacía hasta
vaca negra. Eso sí, el pago era por
adelantado", recuerda.
Aunque
su carrera militar duró muy poco,
dejó huellas que nunca se
borrarán: una lesión en su
oído derecho es la marca física;
pero también lleva recuerdos en su
corazón. "La canción 'el amigo que
perdí' es un especie de himno,
todavía al escucharla me recuerda la
tristeza de los funerales de los amigos muertos
en combate", dice.
Salió del Ejército con dos mil
colones de ahorro, gracias a las fotos, la
barbacoa y otros negocitos. "Me dediqué a
vender espejos y cuadros de la Santa Cena en los
cantones de San Miguel; los dejaba fiados a
cinco pesos semanales".
Así fue como inició con la
venta de electrodomésticos. "La gente me
preguntaba si tenía planchas, cocinas,
grabadoras y me fui metiendo en eso",
explica.
Ahora ese ex vendedor de lotería es el
propietario de Comercial Salgado, una cadena de
casas comerciales en el oriente del
país.
"Tengo 15 años en este negocio. Uno
comienza a fiar lo que le han fiado y así
se va caminando y creciendo, tanto que abriremos
una sucursal en Estados Unidos y (venderemos)
por internet para que la gente pueda comprar
desde donde estén y el producto puede ser
entregado a su familia en El Salvador" dice con
entusiasmo.
El político
Su vida política inició por
casualidad. "Nunca pensé en ser alcalde.
Mauricio Hernández estaba interesado en
ser diputado y me buscó para hacer la
campaña en San Miguel. Él
pensó que yo no iba a ganar la
alcaldía, pero que sí le
daría los votos para llegar a la
Asamblea", asegura.
"Cuando me dí cuenta que gané,
me afligí" dice porque no creyó
que fuera posible derrotar al FMLN o ARENA con
el PDC.
La incredulidad de Salgado lo llevó a
impulsar una campaña electoral peculiar:
"Vote por Will Salgado, propietario de Comercial
Salgado y, ahora, candidato a alcalde", se
escuchó en los altoparlantes. "Si
perdía, al menos había invertido
en publicidad de la casa comercial"
justifica.
Las críticas contra Salgado no se
limitan a su personalidad. En San Miguel hay
quienes aseguran que se abastece del contrabando
y lava dinero para ocultarlo. "Mire yo lavo
dinero, pero con el sudor de la frente", expresa
con evidente molestia ante el
cuestionamiento.
"Además, nunca he vendido
ningún producto importado" agrega,
referiéndose a las acusaciones de
contrabando.
El Ministerio de Hacienda supervisa su Casa
Comercial. Hace algunas semanas, Salgado tuvo
que pagar una suma de dinero al fisco por
evasión de impuestos.
"Mire hay gente que me critica porque piensan
que me faltan 20 para el peso; pero, la verdad
es que soy muy sincero y eso me crea problemas;
incluso, estuve preso porque me gané el
papel de jefe de la 'sombra negra" agrega.
Su vida política aún es
impredecible. Si el PDC no levanta la
sanción que le ha impuesto por
indisciplina, no se reeligirá.
"Además, el sueldo como alcalde ni lo
ocupo" afirma y muestra la libreta de banco en
la que le depositan 19 mil colones mensuales. A
la par de la libreta muestra los tacos de la
chequera en los que se comprueba que este
salario es donado a instituciones de
beneficencia.
"Tengo un don. Si piedras pinto, las vendo",
dice quien gana la simpatía de una parte
de migueleños y el rechazo de otros.
El ojo de hacienda
El crecimiento de Comerciales Salgado ha
levantado sospechas y se le investiga por
contrabando, evasión al fisco y lavado de
dinero.
Casa Comercial Salgado otorga crédito
fácilmente. La copia de la cédula
es el único requisito para adquirir un
producto. No importa su valor. Si un cliente no
paga, Salgado no se preocupa porque ese es
problema del vendedor. "El vendedor se convierte
en el fiador del cliente", explica, "la casa
nunca pierde".
La facilidad de crédito es la clave
del éxito de esta cadena de almacenes;
pero el Ministerio de Hacienda prefiere
verificar.
"Estoy recibiendo acoso del Gobierno (porque)
el Ministerio de Hacienda está
verificando mis almacenes y me ha puesto multa
de un millón de colones porque dicen que
estoy evadiendo impuestos. Es una
extorsión, comprobé que no evado
pero de todos modos voy a pagar unos 300 mil
colones. Ellos dicen que el trabajal que han
hecho no va ser de choto", sostiene.
"Para pagar la multa hice un préstamo
y ahora la Superintendencia (del Sistema
Financiero) me investiga por lavado. El acoso es
porque no creen que una persona de 'La
Curruncha', y vendedor de lotería se haya
superado", argumenta.