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El hombre de la casa

El Tucson es el nuevo todoterreno de Hyundai y a la vez el mÁs pequeño. Ofrece las ventajas de espacio de un SUV y manejo bastante satisfactorio.

 
   

Es imposible no relacionarla con su hermana Santa Fe. El parecido es innegable, pues están construidas a partir de la misma plataforma.

Sin embargo, más allá del parecido estético, este automóvil tiene una personalidad propia y bastante bien definida.

Ya en cuestión de medidas, Tucson es 18 centímetros más corto que el Santa Fe; empero, el resto de las dimensiones se mantiene igual, amén de unas diferencias que son apenas milimétricas.

Por un lado, muestra un perfil que se aprecia alto e inspira capacidad. Los grupos ópticos tienen una actitud agresiva debido en parte a su diseño asimétrico; también es importante mencionar el aporte estilístico que hacen los faros antiniebla.

El paquete estético de nuestra unidad de prueba incluía rieles de techo y rines especiales de 16 pulgadas.

El Tucson se ve atlético; su parte posterior ha sido orquestada para dar la sensación de que es un “hatchback” bien alto.

En cuanto a accesibilidad, el portón puede abrirse únicamente por la ventanilla o bien en su totalidad.

En el interior, la sensación que se percibe es de altura y amplitud. La posición de conducción es dominante y la visibilidad es eficiente, aunque nos tomó un poco de tiempo acostumbrarnos a los retrovisores laterales, pues el auto da la sensación de ser más ancho.

La butaca del conductor le acomoda bastante bien y en viajes largos no fatiga la espalda en lo absoluto.

Cuenta con un apoyabrazos central con altura ajustable en dos niveles, lo que hace mucho más agradable la experiencia de manejo.

El tablero es de líneas directas; en el centro encontramos una consola central que en su parte baja aloja la palanca de cambios.

La consola está rodeada de un acabado de aluminio simulado que resalta los controles del equipo de sonido (de color negro) que cuenta con lector de discos con formato MP3.

Todo está bien ubicado. Sólo el botón de los faros antiniebla nos preguntamos por qué está al lado del pasajero.

El cuadro de instrumentos está dominado por un velocímetro con bordes terminados en aluminio pulido.

Las características dinámicas del carro lo hacen destacar como un vehículo de altas capacidades urbanas e igualmente notorio en autopista.

La dirección resulta sólida y transmite sólo en la medida de lo necesario. El tarado de la suspensión es más firme que en la mayoría de SUVs, pues en autopista se comporta de manera excelente.

La solidez en curva es notable, los pasajeros apenas se enteran de los virajes y la sensación de seguridad a los mandos es total. La palanca de velocidades tiene recorridos medianamente largos.

Desde estacionado, el auto goza de una capacidad de aceleración muy buena. El programa electrónico de estabilidad (ESP) corrige las pérdidas de tracción cuando suceden; a quienes les pueda parecer molesto, al lado derecho del volante está un botón para desactivarlo.

El motor ofrece una excelente zona media de torque, es muy capaz a pesar de tener sólo dos litros de cilindrada.

En “off road”, la suspensión acusa su puesta a punto de pavimento y la comodidad pierde puntos.

De la comodidad hay algo que nos gustó mucho, y es el hecho de que los asientos delanteros pueden recostarse en su totalidad y formar una cama que tiene como respaldo la parte posterior de la banca trasera.

El segundo asiento puede abatirse en su totalidad, dejando un piso plano y gran capacidad para albergar carga.

La seguridad activa del Tucson está garantizada por el mencionado control de estabilidad ESP, además frenos de disco en las cuatro ruedas con asistencia ABS.

Por el lado blando encontramos dos bolsas de aire, para conductor y pasajero, así como también zonas de difusión de impactos y deformación absorbente; también hay que mencionar los cinturones de seguridad con pretensores.

Julio R. Díaz
Fotos: Herbert Saravia