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Subaru 360 ´69
Enano simpático

Este gracioso pequeñÍn es el Único de su clase en CentroamÉrica. Es tan
raro que cualquiera que pasa a la par tiene que detenerse a admirarlo.

 
   

En marzo de 1958 un auto con una individualidad distintiva salió al mercado. Estamos hablando del primer Subaru, el cual fue bautizado como el 360.

En ese entonces la industria se centraba en la fabricación de autos pequeños para “el pueblo”, por lo que el 360 seguía al pie de la letra dicho concepto.

Subarú, que se dedicaba a la fabricación de aviones, tomo el reto y decidió trabajar en el “360” recibiendo innumerables éxitos.

El 360 se convirtió en un hito en la historia de Japón y fue bautizado como “la mariquita”, por sus simpáticas formas que lo hacen parecerse a tan gracioso insecto.

Después de once años de su estreno, el 360 goza de una popularidad inmensa en los países orientales, tanto así que existe una categoría de circuito en donde corren solamente estos japoneses. El carro dejó de producirse en 1970.

El motor de este Subaru es enfriado por aire, tiene dos cilindros y dos ciclos paralelos; además posee una cilindrada de 356 c.c. y una potencia de 16 caballos de fuerza a 4,500 rpm.

El que adorna estas páginas es propiedad de Jacobo Handal, quien por casualidades de la vida lo compró hace un año, cuando la familia Romero vendía su casa en donde se encontraba tan peculiar joya automovilística.

El jefe de la familia le habló y le comunico al señor Handal que quería vender un subarito viejo que tenía por ahí descuidado, por lo que sin pensarlo visitó al señor Romero para ver el auto, y fue amor a primera vista, comprándolo sin pensarlo, pues sabía la joya que se llevaría.

Dicho vehículo estuvo guardado desde el 79 y nunca se utilizó. Con el tiempo la pintura se fue opacando y los cuidados disminuyeron, tanto así que quedó en el olvido hasta que fue rescatado por el señor Handal. Estaba sepultado bajo una tonelada de polvo y un sinnúmero de plantas.

El 360 fue llevado al taller donde comenzaría el proceso de restauración, que sería todo un reto, pues había mucho trabajo por hacer.

Se lijó toda la pintura, se desmontó lo que quedaba del interior y se arreglaron los golpes y “camanances” que tenía el pequeñín.

Ya preparada la superficie y con las líneas bien definidas se procedió a pintarlo con un color beige claro, luego se armó el interior donde sobresalen tonos rojos en la tapicería de los asientos y de las puertas.

Finalmente se arregló un par de problemitas eléctricos y se revisó el motor, que goza de un perfecto funcionamiento, ya que a pesar de contar con más de 35 años de vida sólo ha recorrido 50,000 kilómetros.

La obra maestra estaba terminada, la satisfacción de ver a su niño dando guerra es reflejada en los ojos de Jacobo Handal cada vez que muestra y habla de su pequeñín.

En realidad ha quedado impecable y es tan curioso que en la sesión de fotos que le realizamos no podía pasar ningún auto sin que disminuyera la velocidad para apreciarlo.

De su forma no hay más que hablar, ya que su simpatía es indescriptible a pesar de su pequeño tamaño, el cual es engañoso, ya que puede transportar a cuatro adultos sin ningún problema.

Otra de las particularidades con la que cuenta es su chasis, que podría decirse que está montado sobre rieles, ya que al cruzar las llantas mueve también la punta del auto.

Al cuestionar a don Jacobo Handal sobre lo que más le gustaba de su auto nos respondió: “Me encanta que es pequeño y todo lo que hay en él es pequeño también.

Aunque parezca mentira, en el 360 caben hasta cuatro personas cómodamente. Es sorprendente”.

Jaime Vilanova Saleh
Fotos: Mauricio Cáceres