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En
marzo de 1958 un auto con una individualidad distintiva salió
al mercado. Estamos hablando del primer Subaru, el cual fue
bautizado como el 360.
En ese entonces la industria se centraba en la fabricación
de autos pequeños para el pueblo, por lo
que el 360 seguía al pie de la letra dicho concepto.
Subarú, que se dedicaba a la fabricación de
aviones, tomo el reto y decidió trabajar en el 360
recibiendo innumerables éxitos.
El 360 se convirtió en un hito en la historia de Japón
y fue bautizado como la mariquita, por sus simpáticas
formas que lo hacen parecerse a tan gracioso insecto.
Después de once años de su estreno, el 360 goza
de una popularidad inmensa en los países orientales,
tanto así que existe una categoría de circuito
en donde corren solamente estos japoneses. El carro dejó
de producirse en 1970.
El motor de este Subaru es enfriado por aire, tiene dos cilindros
y dos ciclos paralelos; además posee una cilindrada
de 356 c.c. y una potencia de 16 caballos de fuerza a 4,500
rpm.
El que adorna estas páginas es propiedad de Jacobo
Handal, quien por casualidades de la vida lo compró
hace un año, cuando la familia Romero vendía
su casa en donde se encontraba tan peculiar joya automovilística.
El jefe de la familia le habló y le comunico al señor
Handal que quería vender un subarito viejo que tenía
por ahí descuidado, por lo que sin pensarlo visitó
al señor Romero para ver el auto, y fue amor a primera
vista, comprándolo sin pensarlo, pues sabía
la joya que se llevaría.
Dicho vehículo estuvo guardado desde el 79 y nunca
se utilizó. Con el tiempo la pintura se fue opacando
y los cuidados disminuyeron, tanto así que quedó
en el olvido hasta que fue rescatado por el señor Handal.
Estaba sepultado bajo una tonelada de polvo y un sinnúmero
de plantas.
El 360 fue llevado al taller donde comenzaría el proceso
de restauración, que sería todo un reto, pues
había mucho trabajo por hacer.
Se lijó toda la pintura, se desmontó lo que
quedaba del interior y se arreglaron los golpes y camanances
que tenía el pequeñín.
Ya preparada la superficie y con las líneas bien definidas
se procedió a pintarlo con un color beige claro, luego
se armó el interior donde sobresalen tonos rojos en
la tapicería de los asientos y de las puertas.
Finalmente se arregló un par de problemitas eléctricos
y se revisó el motor, que goza de un perfecto funcionamiento,
ya que a pesar de contar con más de 35 años
de vida sólo ha recorrido 50,000 kilómetros.
La obra maestra estaba terminada, la satisfacción de
ver a su niño dando guerra es reflejada en los ojos
de Jacobo Handal cada vez que muestra y habla de su pequeñín.
En realidad ha quedado impecable y es tan curioso que en la
sesión de fotos que le realizamos no podía pasar
ningún auto sin que disminuyera la velocidad para apreciarlo.
De su forma no hay más que hablar, ya que su simpatía
es indescriptible a pesar de su pequeño tamaño,
el cual es engañoso, ya que puede transportar a cuatro
adultos sin ningún problema.
Otra de las particularidades con la que cuenta es su chasis,
que podría decirse que está montado sobre rieles,
ya que al cruzar las llantas mueve también la punta
del auto.
Al cuestionar a don Jacobo Handal sobre lo que más
le gustaba de su auto nos respondió: Me encanta
que es pequeño y todo lo que hay en él es pequeño
también.
Aunque parezca mentira, en el 360 caben hasta cuatro personas
cómodamente. Es sorprendente.
Jaime Vilanova Saleh
Fotos: Mauricio Cáceres
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