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Recientemente, nuestro periódico
publicó la alarmante cifra de atropellados en nuestro
país, los números son escalofriantes.
En estos casos, lo frecuente es que se culpe al conductor
del vehículo cuando estas desgracias suceden, pero
poco o nada se habla de la temeridad de algunos peatones que
deambulan por nuestras calles.
De ninguna manera pretendo justificar la imprudencia y falta
de consideración de algunos automovilistas.
Sin embargo, a diario en nuestras calles uno se enfrenta con
pasarelas vacías y mares de gente debajo de éstas
tratando de cruzar malabareando entre los carros para pasar.
Lo triste es que situación parece más un estira
y encoge que una búsqueda de armoniosa convivencia.
Los peatones son cada vez más desafiantes y los conductores
más hostiles como si no fuera obvio cual va a ser el
resultado final: dolor y luto.
Ser un conductor cortés y paciente no cuesta y es muy
gratificante. Ser un peatón paciente, prudente e inteligente
es lo que lo va a llevar al otro lado de la calle por así
decirlo. Basta con no olvidar que a todos nos esperan en casa.
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