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¡A mí no me pasa!

Esas enfermedades “de viejitos” que más de alguna vez habrás oído
mencionar por ahí se están presentando con más frecuencia en los
“no tan viejos” o sea los jóvenes. Lo peor es que se te puede estar acabando
la peseta y vos como si nada.

René V. Contreras
R edacción Planeta

“El estrés se puede manejar” dicen unos, pero se trata de una ruleta rusa.

Nuestra superheroína (que también podría ser bicho) volaba sobre los cielos azules de la capirucha, para intentar una vez más mantener bien las cosas en el gran San Salvador.

Un trabajo duro e incomprendido para algunos, pero alguien tiene que hacerlo después de todo.

Su verdadera identidad es un misterio sin embargo, parecía no sobrepasar los treinta. Es rellenita, lo que delata que es digna representante de la tierra de las pupusas y la yuca frita. De paso debía “fumarse” todo el smog que cubría la ciudad. Gajes del oficio, pues.

Regresando al asunto de sobrevolar San Salvador, Superbicha seguía la trabazón sobre la Juan Pablo, cuando de repente su “motor” perdió potencia, se sintió supermal y aún en vuelo, se contorsionó hasta adquirir una posición fetal.

Sólo a Superman le afecta la kriptonita. La dieta de la bicha había tenido que cambiarse a la de la comida rápida, por aquello de que las emergencias no dan tiempo ni para tomar agua. Así que la causa debía ser otra cosa.

¡Plop!


Entonces esa sobredosis de ricuras en el torrente sanguíneo le había esculpido un contundente tapón de grasa en las arterias. El estrés y otras preocupaciones habían sobrecargado el sistema y ¡zaz!
Tras ese ataque al corazón y tomando en cuenta la velocidad que llevaba hizo una parábola que lo dejó en el mero centro del MQ donde se desplomó. (También a los super-héroes se les descuenta el seguro).

Ahorita ya debe estar en la Unidad de Cuidados Intensivos, pero su médico considera que ésta podría haber sido la última vez que la viésemos sobre la ciudad.

¿mi abuela?

¡No! Ella ya tiene sus añitos y sí sería normal que padeciera alguna de estas enfermedades. Los que no tenemos excusa para enfermarnos de eso somos los que no sobrepasamos los 40 años.

Aunque parezca que éste es cuento de ancianos, en El Salvador ya se han registrado muertes por enfermedades crónico degenerativas como el infarto al miocardio, por ejemplo.

El año pasado murieron tres jóvenes por esta causa y uno de ellos ni siquiera llegaba a los 20 años. Qué “sólo son tres” dirás, sin embargo ya se registraron y esa cifra podría aumentar.

Esos tres casos vendrían siendo como el 0.4% de muertes por ataque al miocardio que se registraron el año pasado en El Salvador.

Ahora ya son cifras, pero lo preocupante es que existen los casos y pueden seguir aumentando en el futuro cercano.

Factores como la obesidad, el tabaco, el alcohol, el estrés, entre otros, son considerados como de riesgo para que desencadenen a enfermedades como hipertiroidismo, hipertensión arterial, diabetes, enfermedad cerebro vascular y otras. Y vos todavía de brazos cruzados.

Según el Dr. Mario Soriano, de la Gerencia de Atención Integral al Adolescente del Ministerio de Salud, “estos son factores sociales, porque pueden ser modificables”.

Por su parte, el Dr. Óscar Vásquez, del Hospital José Saldaña de Los Planes de Renderos, dice que “el adulto es el reflejo de lo que uno fue de joven”. Tiene mucha lógica.

Actitud

Además de aprender a comer bien (no hartarse) deberás comenzar a mover un poco más tus músculos. “La idea es hacer un ejercicio rutinario, mínimo tres veces a la semana y del tipo aeróbico (caminar o natación”, dijo.

“La meta a la que uno debe llegar para empezar, es a más de 30 minutos todos los días, para comenzar a quemar grasa”, añadió el doctor.

Con esto de modificar tus hábitos de cualquier tipo no nos estamos refiriendo a que debás convertirte en el futuro prospecto para beatificación, pero sí que tomés en serio que quizá no logrés ni llegar a tener hijos porque te “pelaste” antes de tiempo.

Bueno, ya nos quedó claro que los factores de riesgo son modificables, pero las causas de la enfermedad no lo son y muchas veces, por no decir casi todas, son de índole hereditario.
Vos podés ser un completo “sano” que no fuma, no toma, hace ejercicio y todo, pero te da un infarto.

“Si a tu mamá, tu papá, tu abuelito u otro familiar cercano se le ha diagnosticado una de estas enfermedades, tú también debés cuidarte porque podrías tener el riesgo de padecerla también”, señala el Dr. Soriano.

Es decir que al igual que un carro o uno de esos relojes suizos, tenés que darte un “mantenimiento preventivo” para poder prolongar el momento en que tu maquinaria llegue a fallar.
Después de todo acordate que hay más tiempo que vida.


 

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