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Clímax espiritual musical

Un eclipse parcial de sol no opacó la llegada de otro astro. El legendario Santana llegó con todo su equipo para evocar para muchos aquel año 73. Para otros, el chamán demostró que 32 años después, su música sigue elevando espíritus y cautivando almas.

Claudia Montes

Una fusión de generaciones invadió el viernes pasado el estadio que le hace honor a su nombre por “Mágico”.

Todos asistieron con el mismo fin: disfrutar de las notas cautivadoras que emanan de las cuerdas de una guitarra cuando el chamán la ejecuta.

Fue extraño o quizá no ver a los papás ya no tan hippies deleitándose con sus vástagos de un trozo de concierto como el que se vivió un viernes de eclipse parcial solar.

“bichos” de todas las edades asistieron al toke de Santana.

Aunque algunos no quedaron del todo satisfechos, y es comprensible, pues esperaban la repetición de aquel concierto del 73, hay que comprender que Santana, como todo, también evolucionó.

Un agradable olor herbáceo cubría la atmósfera, al mismo tiempo que todos coreaban en la voz de Andy Vargas, Jingo, la rola que rompió el hielo de la noche.

Éxito tras otro, entre lo viejo y lo nuevo no paró de sonar así, “Samba pa´ti”, “Black magic woman baby”, “Oye como va” “Smooth” y casi pa´finalizar “Corazón espinado”, fueron parte del repertorio.

El invitado especial de la noche por Santana fue Alejandro Lerner.

No como en el 73, pero andaba uno que otro hippie.

El cantautor argentino cautivó con su rola “Hoy es adiós”, que dedica a toda la juventud que se arriesga y migra al Norte por un futuro mejor.

Mensaje de paz y de amor

“La guerra es para las bestias como Bush”, dijo más de una vez el chamán. Sus críticas y mensajes fueron ovacionados por las más de 10 mil almas presentes.

Así constantes invitaciones a mantener el diálogo, la tolerancia y la paz entre los países ante todo conflicto fue su mensaje.

Al mismo tiempo que emanaban las palabras del “hechicero”, una paloma blanca símbolo de la paz hacía su aparición sobrevolando en las tres pantallas gigantes.

 

El público enloquecía con las pocas y pero sabias palabras del chamán, que aparecieron casi al final de la noche.

“A bailar, que no están viejitos” nos invitó una vez más Carlitos, y la multitud no se hizo de rogar.

Quién podía resistirse a mover sus huesos con la calidad de músicos que andan con éste. El sabor latino no discriminó raza esa noche. Todos bailaron hasta el cansancio.

Cuatro guanaquitos subieron al escenario invitados por el azteca y tocaron las maracas al son de “Smooth”.

A punto de que el reloj diera los doce campanazos, los músicos y el chamán, como si fuesen Cenicienta, abandonaron el escenario, pero el hechizo quedó más que impregnado en la mente de toda la guanaxia que asistió a este ritual.

 

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1999 :: 2004

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