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UTOPÍA EN MARCHA

Muchos ya vimos la casa en el aire de la Plaza las Américas, pero ni idea de para qué sirve. Dormimos una noche junto a otros voluntarios y nos contaron sus experiencias.


René Contreras
Redacción Planeta

“Cuando uno logra estar cuatro días con una familia, uno queda impactado de ver y sentir que las realidades son muy duras”. Billy Marinero

“Para mÍ, esa gente me está dando la oportunidad de ser mejor de lo que yo era. No sÓlo se trata de ir a fregar los viernes, pero hay cosas que valen más”.
Beatriz Gamero

Llegamos a eso de las cinco de la tarde al lugar y sin pensarlo mucho nos remontamos a doce metros sobre el nivel del suelo. Desde abajo no se nota, pero la casa se desplazaba casi una cuarta de distancia allá arriba.

Gabriela Pinto, que iba de pasadita, decidió visitar la casa pasadas las 6:00 p. m. “estuvo súper difícil; como que me dan miedo las alturas pero no me podía perder el poder estar aquí arriba”, explicó.

Todo lo que ingresa a la casa tiene que ser elevado por “la canasta”. Un sofisticado dispositivo de plástico y lazo de nailon que nos vino de maravilla cuando llegó la cena a eso de las siete y media de la noche.

Si comimos temprano.
Pero a estas alturas aún te preguntarás sobre el objetivo que tendría Un Techo para El Salvador, la ONG que llevó la casa a ese lugar, de elevar una docena de metros esas cuatro paredes.

Justamente para llamar tu atención y tal vez estimular tus neuronas para que pensés en la realidad de otros salvadoreños que únicamente tienen el cielo por techo.

“Bichos fresa buscando publicidad”, dicen algunos, mientras otros que igual desconocen del proyecto los ven como un “club de amigos” y nada más.

Cuando le dije lo anterior a Beatriz Gamero, una de las voluntarias que “acampó” al final de la Roosevelt, se dio una resonante carcajada y negó los cargos que se le imputan.

“Creo que mis papás también creían eso de solo salir en la tele o en el periódico, pero para nada. Somos un montón de bichos que se tocaron el corazón y dijeron ¿por qué voy a servir de inútil? Nos creímos el sueño de que El Salvador puede llegar a ser mejor”.

Billy Marinero, uno de los responsables de que las casas no sigan sólo en sueños, explica que la experiencia de construirlas les sirve para “reflexionar sobre el alcance de unir dos realidades: la realidad del universitario promedio con la realidad de las familias pobres de nuestro país”.

“Para quien siempre ha tenido una cama o un techo, resulta hasta chocante de que hay gente que tiene plásticos por techo o cartones por cobija. No es una realidad aislada” y sobre todo la tenemos frente a nuestra nariz y aún así no la queremos ni ver.

Javier Laínez es otro de los desde que se apuntó para su primer campamento, ha quedado comprometido con el proyecto.

“A mis papás como que les gustó que yo pase mis vacaciones en esto, a estar echado en la casa haciendo nada. En mi vida me imaginé estar construyendo una casa a alguien. Si yo ni soy albañil”, aclara.

VIVENCIAS
EN EL AIR

¿En la playa? No, a 12 metros sobre el piso y con ganas de ayudar.

Javier se acomodó sobre algunos bultos de la Casa en el Aire.


Todos debíamos entrar por una pequeña puerta ubicada en el piso de la casa.

Por algo se empieza

“En mi vida había visto una mezcla de cemento, en mi vida había agarrado una pala y ahora ya sé lo que es tres, dos, uno (tres de arena, dos de grava y una de cemento) comenta Beatriz.

“Mi mamá esperaba que estuviese sentada, viendo trabajar una cuadrilla de albañiles y que yo me fuera a poner en medio para que me viese bonita para la foto”, pero cuando llegó la encontró subida en el techo con una pernadora. A la señora casi le da un infarto.

Cuando comenzás a adquirir una conciencia solidaria como les ha pasado a ellos, “reventás la burbuja”, en palabras de Beatriz.

“A veces uno se queja de tantas banalidades. Llegás a tu casa y te dicen “hay frijoles” y vos “otra vez”, pero cuando vivís con ellos (en el campamento) añorás esos ¡frijoles! Comenta Javier.

“Para mí esa gente me está dando la oportunidad de ser alguien mejor de lo que era.

No sólo quedarme de ir a Multiplaza o salir a fregar todos los viernes, que también es chivo, pero hay cosas más allá y que valen más”, añade nuestra anfitriona.

Entre plática y plática se nos hizo media noche y justo en ese momento, otro bicho trasnochador nos echó la mano para llevarse la basura de la jornada. No hay nadie que se quede sin hacer nada.

Hoy por la noche habrá un toque al que estás invitado incondicionalmente.

También el sábado 3 de noviembre van a realizar una colecta para ver si logran financiar varias casas más porque no cuentan con presupuesto fijo. Todo es por donaciones.

Si querés involucrarte vos también, te invitamos a visitar el sitio oficial de UTPES: www.untechoparaelsalvador.org o llamarles al 2278-2920.

 

 

 

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