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Cuentos de ultratumba. El final no está escrito...

Se encienden y apagan las luces al mismo tiempo, una rica brisa te roza el rostro y te eriza la piel, la música suena de fondo y para de repente y vos creés estar solo, puede que no tanto como imaginás. Conocé algunas anécdotas guanacas de ultratumba

Claudia Montes

Si sos de los que disfruta desvelarse disque “estudiando o trabajando” en tu casa u oficina y creías que estabas completamente solo, hasta que las luces se apagaron y encendieron al mismo tiempo, los pasos de algún fulano se escuchan por ahí, y pensás -para consolarte- que fue tu mamá o el vigilante, pues no, alguien te está haciendo compañía, desde el más allá.

Lejos de ser el bichito panzón del Cipitío y la loca de la Siguanaba, hay muchas historias más que según los mortales de la guanaxia han sufrido y les ha sacado más de un alarido alguna vez.

Ya sea por simple curiosidad o por metidos, más de algunos bichos aceptaron haber jugado con la tal “martita”, que consiste en poner punta a punta cuatro lapiceros e invocar a la fulanita y hacerle preguntas, a las cuales ella responde con determinadas señales.

Pero como la curiosidad mató al gato, a esta bicha le pasó. “Estábamos jugando ´martita´ con mis compañeros en la casa de otro que decían que su abuela era bruja de repente todas las puertas se cerraron y nos quedamos encerrados en diferentes lugares, una en el baño, otra en la cocina y yo en el patio”, cuenta Kenia Teos, de 19 años.

Algunos aseguran que también en EDH asustan, varios han sido testigos directos de esto y dan fe, que uno o varios espíritus deambulan por ahí, total nada ni nadie se escapa.

¿Quieren por BIEN O MAL?


Las abuelitas dicen que hay que tratar bien a estos duendes y vecinos del más allá. Otros dicen lo contrario que hay que insultarles para que se vayan y dejen de fregar. Sea cual sea la forma, lo cierto es que la mara asegura que sí existen estos seres y andan con nosotros. Por si acaso comenzá a rezar, sobre todo por estos días.

“La carretera del susto”

Una vez que mi familia y yo regresábamos de la feria en un taxi a eso de las tres de la mañana y transitábamos por la carretera nueva del Anillo Periférico, vi cosas raras en la calle.
Como yo iba adelante me fijaba más, primero vi un caballo solo y me pareció extraño por la hora, luego más adelante había otro caballo con un jinete, solo que este último parecía que estaba muerto. Después vi a un hombre con sombrero y ropa blanca que corría y cuando volví a ver para atrás ya no estaba y pregunté si alguien lo había visto y sólo el taxista lo vio.
Mi mamá dijo que era mi imaginación. Más adelante vi un hombre sin camisa a la orilla de la carretera, parecía ebrio y tenía los ojos bien rojos, el taxista trató de evadirlo cuando lo vio, también volvimos a ver y había desaparecido. Pienso que quizas era gente que han atropellado ahí”.
Kenia Teos, 19 años
La viejita que estaba muerta

“A mí me han asustado los muertos. Un día que mi hermana y yo íbamos para el gimnasio de mi papá y no teníamos llave decidimos ir donde un vecino que tenía una copia. En la calle vi a una una viejita
vestida toda de blanco, tratando de pararse en un poste de tendido eléctrico en la acera.
Le ofrecí ayuda y me dijo: -gracias hija. Llevaba una matata y me agarró del brazo y estaba toda helada.
MI hermana se metió a la casa y no la vio.
-¿Para dónde va? -le pregunté.
-Me voy a cruzar la calle, voy a llevarle comida a mis hijitas.
La crucé la calle y de la matata empezó a sacar comida y bajaron varias palomitas. Luego me dijo que se iba a cruzar hacia el otro lado, estábamos en un triángulo.
Comenzó a decirme que se sentía sola, que sus hijos la habían abandonado.
Le dí cinco colones y al darme la vuelta, ella me agarró del brazo y gritó, disque un carro me iba a atropellar, pero éste se había apartado para no hacerlo. -Andate con cuidado- me dijo.
Me cruze la calle y cuando vi ya no estaba y no había para dónde se fuera, desapareció”.
Karen Rodriguez, 25 años
“La oficina del susto”

Por ahí dicen que EDH no escapa de los espantos.
“Recuerdo que un día que tenía que salir a una asignación bien temprano con un compañero, llegué a eso de las seis al Departamento de Suplementos, me puse a leer el periódico mientras esperaba, cuando de repente se oyó que movieron una silla, subi la cabeza y le dije a mi compañero que saliera, pues creía que era él.
Luego encendieron el tele y me paré y le dije otra vez a mi compañero que saliera que ya sabía que era él.
Lo fui a buscar alrededor y no lo encontré.
De repente sonó el teléfono y era mi compañero, diciendo que no había podido llegar temprano, que lo esperáramos que había tenido un atraso.
Entonces mejor me salí porque , no era nadie”.
Ricardo G.


 
 

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