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Volando alto
No
se puede describir la sensación de despegarse del
suelo y perder contacto
con la realidad... Ya sea para viajar o para divertirse,
despegar los pies de
la tierra de vez en cuando es riquísimo.
Julio
César Avilés, fotógrafo de EL DIARIO
DE HOY, tuvo la suerte de que lo revolcaran
con loops, martillos, invertidas y otras piruetas que
lo hicieron bajarse pálido de la avioneta.

Secuencia
del Super Decathlon en plena acción,
haciendo un giro circular llamado
Loop cerca del aeropuerto de Ilopango.
Carlos
A. Escobar
¡Libre! grita nuestro piloto Carlos Dárdano
antes de que las aspas de la hélice empiezan a girar
y a propulsar el Super Decathlon BL-30 por la
pista del Aeropuerto de Ilopango.
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Después de una conferencia de radio con la torre
y control terrestre que se pierde y se corta entre el ruido
del motor y la emoción, estamos listos para despegar
y abrir vuelo a 55 nudos que rápido se convierten
en 110.
Si no es un vuelo de rutina, fumigación o turismo,
puede que estemos por tener la aventura aérea de
nuestras vidas.
La Pasión de volar
La emoción de volar no se compara con nada.
Es una pasión presente en nosotros, dice Zack
Powell, alumno de la escuela, y es verdad. No sólo
se trata de manejar una máquina con alas, motor y
ruedas, más bien es un sentimiento que se riega por
tu cuerpo y te invade el espíritu.
Volar es sentir el avión cuando corta el viento a
toda velocidad, ver cómo reacciona a cada sutil movimiento
del timón y girar sobre mar y tierra, y hasta como
tiembla en las turbulencias.
Aunque para la mayoría de nosotros volar es ajeno,
para los chavos de DAR AIR y de las demás escuelas
de aviación del país es por lo que viven.
Desde los 16 años te podés meter a sacar la
licencia y unirte al grupo de cheros que se reúnen,
friegan, comen y platican en las mesas y bancas del hangar
No. 42, pero que sobre todo gozan volar.
Todos los estudiantes de la escuela admiran al Capi
Dárdano, y aunque se comparan con él en el
sentido que tienen un vicio por volar, existen tantas ramificaciones
y oportunidades en la aviación que cada uno puede
y quiere trazar su propio camino.
Julio Ventura, está en la onda de saltar en paracaídas,
sentir la adrenalina de ir cayendo en el vacío infinitamente
liberador, mientras que Carlos Francés, que ya es
instructor de vuelo con tan sólo 24 años,
afirma que no está loco para saltar de un avión
que todavía funciona.
Así también están los interesados en
las acrobacias, vuelo agrícola o ser piloto comercial,
que es el sueño de varios jóvenes de la academia.
Finalmente, entre sentir la presión de la fuerza
centrípeta de un loop o invertido y de
volar un avión con 100 almas y llevarlas a su destino
hay una gran diferencia, pero todos acá tienen un
mismo fin: volar lo más alto que se pueda.
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Zack Powell, 19 años.
Gringo de nacimiento, se entusiasmó con la
aviación en la casa de la abue. El ruido y
la velocidad del aeropuerto que lindaba con la casa
de ella le despertó la sed por las alturas.
Ahora le han gustado tanto El Salvador y los aviones
que quiere vivir acá y explotar su campo de
piloto al máximo.
Su sueño es trabajar para TACA, quizá
manejando su avión preferido, el Boeing 777....
pero eso después de estar con la novia y relajarse
un rato.
Javier Flores, 18 años.
Desde que jugaba con aviones cuando era pequeño
hasta que sacó su licencia de vuelo siempre
ha sentido libertad y paz con las alas.
Cuando le preguntamos sobre qué sentía
cuando volaba, nos respondió que se olvida
de cualquier problema en las alturas. Es un
estado diferente, nos recalcó.
Le gustan tanto los aviones que no se conforma con
manejarlos. Para entenderlos mejor quiere ampliar
sus conocimientos de mecánica.
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Andreíta Dárdano,
18 años.
La potente y carismática hija de Carlos Dárdano
tiene pasión propia por el vuelo. Los
aviones son mi locura... los aviones, dice con
una cara de alegría y una sonrisa que le parte
la cara en dos. Con más de 25 horas de vuelo
sueña con desarrollarse como una piloto y comunicadora
a la vez, pues le gusta hablar y volar.
Aparte de eso... le gusta lo que nos gusta a todos,
estar con los amigos y pasarla bien.
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Para volar y unirte a estos cheros (aunque seás
mayor de edad) podés llamar al teléfono
295-0329 a DAR AIR o visitar el Hangar No. 42 del
Aeropuerto de Ilopango.
Como nos cuenta Miguel Guardado lo único que
necesitás es la disposición y ganas
de volar, aparte de unos exámenes médicos,
ser mayor de 16 años y el pistillo. Y si sólo
querés probar, regalate un paseo por el cielo.
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Charlie Dárdano,
15 años.
Está que no aguanta por empezar a volar en
noviembre para sentir la emoción y tradición
familiar que caben en un Cessna 172, el avión
en el cual aprendería.
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Una comanche Monomotor PA-24 pilotada por Carlos
Dárdano.
El guanaquísimo piloto y capitán Carlos
Antonio Dárdano ha probado que se puede llegar
literalmente alto si se propone, pues él es
ahora un aviador de renombre y calibre mundial, al
que no dudan en invitar a shows aéreos y presentaciones.
Desde que le salieron las alas a los 16 años,
su pasión por el vuelo sigue tan viva como
si fuese su primer solo.
Hasta ha sobrevivido varios percances de los cuales
salió como un héroe.
Desde aterrizar un Cessna 210 sin tren de aterrizaje,
hasta lo inimaginable en 1982. Mientras visitaba la
presa del Cerrón Grande fue emboscado por la
guerrilla, y de las ocho balas que impactaron el avión
de civiles, una le traspasó el pómulo
izquierdo destruyéndole un ojo.
Aún así, con la cara de susto de sus
pasajeros, logró despegar y volar a salvo.
De seguro, sus peripecias tampoco se extinguirán
con la importante hazaña capitaneando un Boeing
TACA 737-300, al que se le habían extinguido
los motores sobre Louisiana, y el cual logró
aterrizar en tierras pantanosas de la NASA sin motores.
Claro está que estas historias han sacado su
nombre a luz pública, pero sus habilidades
como piloto y profesionalismo le han ayudado a desarrollarse
ampliamente en su campo.
Ahora sigue cumpliendo su realización
más grande diariamente, volando para
TACA o en su escuela de aviación DAR AIR, transportándote
a donde no te imaginás... más allá
de las nubes.
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El Stearman PT17 Continental 220 es el favorito de
todos en DAR AIR, tanto es así que ya lo apodaron
El chin chin. Este es un avión
de práctica que se usó para la Segunda
Guerra Mundial, y aparte de su inmenso valor sentimental
también tiene un fuerte valor histórico.

Aprender a volar no se toma a la ligera, antes de
aprender a volar necesitás de varias horas
de clases teóricas, así como sentarte
unas decenas de horas en un simulador de vuelo.
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