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Embrujo
por el campo
Cualquiera
que visita algún punto de la Ruta de la Paz en Morazán
queda con ganas de regresar alguna vez. Nosotros no pudimos
resistirnos y nos pasamos tres días de caminatas
y chapuzones.
René
V. Contreras
Fotos/Maritza Santos/RC

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La
hechizante Poza Bruja fue el break refrescante de la
mañana. |
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Día:
1
Hora: Casi a las seis de la madrugada
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El
día pintaba como que el frente frío
había llegado con ganas: el cielo despejado
y la luna aún era visible a las seis de la
mañana.
Esa mañana tuvimos la oportunidad de compartir
una aventura con los alumnos de octavo grado de la
Escuela Alemana.
El viaje hasta Morazán resulta algo largo,
contando las escalas que debe uno hacer para reabastecerse
o para desestresar la panza.
Las asolineras son una bendición para las excursiones.
Casi a las 11 de la mañana, tomamos el desvío
hacia el río de alacranes o Arambala,
para visitar el monumento del cantón El Mozote
y conocer brevemente su historia.
Un poco más tarde, el sol ya hacía hervir
las cabelleras cuando llegamos a La Culebra, un tramo
del Río Sapo donde el grupo se puso la calzoneta
y chapalió.
Otra opción quedaba un poco hacia el norte,
hasta las cascadas de Olomina, pero teníamos
que caminar 45 minutos más a paso tendido.
Cuando llegamos, una barba roja parecía extenderse
por parte de la caída de agua. Esas son
algas, dijo don Julio, uno de los guías
que nos acompañó.
Eso quiere decir que el agua está limpia,
nos comentó. En otros ríos ni la mala
hierba nace en estos días.
Después de refrescarnos, decidimos volver.
Sin sentirlo habíamos pasado casi una hora
y cuando regresamos a La Culebra, todos se habían
ido al área de campamento.
Tuvimos que partir también porque la tarde
se terminaba y ni siquiera habíamos tendido
nuestra carpa en el Centro Turístico de Llano
del Muerto.
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Serafín
dio una breve introducción
de la historia del cantón El Mozote.
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Esta
es la afamada cascada
de Olomina.
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Día:
2,
Hora: Casi las seis de la tarde
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El
frío y el viento había calado toda la
noche, muchos decidieron irse a dormir temprano y
no necesariamente por el cansancio.
En lo particular, habíamos decidido con Maritza,
levantarnos a las cinco de la mañana para hacer
fotos del amanecer. Las hicimos.
Para nuestra sorpresa, a esa hora de la madrugada
ya había un gran tumulto en el campamento.
Unos revivían el fuego de la fogata del día
anterior para poder entrar en calor y otros meditaban
la forma menos dolorosa de darse una ducha sin entrar
en shock.
Esa mañana, se había destinado para
visitar a una bruja, pero la Poza Bruja que está
cerca de Arambala y que está a tan sólo
diez minutos de camino de la carretera.
El lugar era especial, porque la poza queda al interior
de una cueva y si no te animás a entrar, pues
no vas a poder ver las caídas de agua que están
en su interior.
Esa caminata sirvió de calentamiento para la
camellada de la tarde que fue en el bosque
aledaño al cerro El Pericón.
Este inició a eso de las dos de la tarde y
tras casi tres horas de camino, llegamos a la comunidad
Cumaro, donde nos esperaba una suculenta cena típica
con crema agria y todo.
El regreso al campamento fue hasta casi las siete
de la noche y el viento había cesado y como
esa era la última noche del viaje, los jóvenes
decidieron hacer una megafogata que le dio cierto
toque mágico.
La noche lució un cielo estrellado que nos
picó tanto que intentamos hacer algunas imágenes
del manto estelar.
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El
Pericón fue uno de nuestros destinos.
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El
frío caló hasta en la mera madrugada.
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Día:
3,
Hora: 5:30 de la mañana. ¿El frío?
muy bien,
gracias por preguntar.
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La
historia de los fogones y la ducha se repite, otros
mejor no salen de sus tiendas y se añejan un
día más sin refrescarse a buena mañana.
Por suerte, esa noche no hizo el ventarrón
de la anterior, pero sí se sintió un
frío con bastante humedad.
De repente, los alaridos de uno de los muchachos irrumpe
la armonía del amanecer y los señores
que vigilan el Llano del Muerto se aprestan a investigar.
La calma llegó luego, cuando se dieron cuenta
de que la meditación trascendental
del joven no llegó a tanto y los gritos eran
por las hirientes gotas de agua fría.
Aparte del incidente y que uno que otro se quedó
enjabonado por que se acabó el agua del tanque,
todos madrugamos para llegar a tiempo a uno de nuestros
últimos destinos.
La Cueva del Ratón es otro sitio que está
ubicado cerca del desvío hacia Llano del Muerto
y en el que además de acampar, podes comer
y por supuesto caminar.
Pocos de los excursionistas podían creer que
habían pasado tres días lejos de un
televisor, ni mucho menos que se la pasarían
tan bien.
El desayuno tocó camino hacia Perquín,
que en lenca-potón significa camino de
brasas. Tras la comilona y la respectiva digestión,
partimos.
La visita obligada al llegar al centro de Perquín
es buscar el Museo de la Revolución y para
ahí nos dirigimos junto a los jóvenes.
Don Matilde, quien nos había acompañado
durante el día anterior, fue nuestro guía
en el museo.
Él ya había trabajado ahí por
nueve de los doce años que tiene de haber sido
inaugurado y nos mostró todas y cada una de
las piezas del mismo.
El trip había llegado a su fin,
pero la experiencia vivida por esos días acompañará
durante muchos más a todos los que vivieron
en carne propia el hechizo de los bosques, la sudada,
el cansancio y demás que solo se pueden vivir
en la parte norte del departamento de Morazán.
Te sugerimos que...
Si no conocés absolutamente nada de la zona,
contactá con alguna agencia de turismo que
ya tenga experiencia comprobada en tours
por tierra lenca.
A nuestro juicio, no hace falta que pasés al
súper a comprar chucherías. En la Ruta
de la Paz, podés encontrar una buena comida
a un buen precio.
La Asociación Pro Desarrollo Turístico
de Perquín cuenta con guías locales
que conocen Morazán como la palma de su mano
y si querés podés llamarles al 680-40-86
para pedir mayor información.
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La
satisfacción de haber realizado la prueba,
es decir las caminatas y el campamento, era evidente.
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También
el cansancio se notaba.

Ningún
obstáculo se interpuso.
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El
último día del recorrido nos adentramos
a la Cueva del Ratón, donde todos se dieron
la tarea de buscar al roedor que la habita, pero no
lo encontraron por ningún lado.
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El
final del
recorrido se hizo con el tour por el Museo
de la Revolución. A varios les llamó
mucho la atención el ojo del misil
y los restos de helicópteros.
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Para
realizar esta expedición en tierra de potones
y lencas, nos asesoramos de Turismo Calle Real, una
agencia que se especializa en recorridos en el interior
del inmenso mundo salvadoreño. Si sos de los
que no les gusta pasar mucho rato como vaca echada,
los podés llamar al 260-43-14, 260-43-18 o
pedirle mayor información a la dirección:
grupocallereal@navegante.com.sv
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