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EL MASCÓN DE EL
BARRIO
Por
años las calles y las avenidas de Sivar y otros
lugares de la guanaxia se han convertido en cancha
de muchos cipotes que apasionados corren tras un balón,
dándole así vida a lo que se conoce como
fútbol de barrio.
Claudia
Montes
Fotos: Arely Umanzor
Cesar Avilés
Las calles y las avenidas han sido testigo directo de la
emoción que derrocha la cipotada cuscatleca cuando
corren tras un balón, sin importarles dejar tirados
sus zapatos, sudor y dientes.
Ni el “cusca”, ni el “mágico”
se pueden comparar con la invasión en las calles
y la emoción que se ve y se genera en la bichada
guanaca cuando se apasionan jugando el deporte rey.
Y hablando del mágico, seguro éste y muchos
más hicieron sus pininos futboleros en las calles
de su cantón.
Cada día a las cuatro de la tarde como religión
se puede ver a los bichos vecinos invadir la Av. Cuscatancingo
para echarse un masconazo. Felizmente estos corren con sus
tenis viejos y gastados tras un balón también
“golpiado por la vida”.
Al parecer nada les impide comenzar el juego. ¿Y
los carros, la afición y las ventanas del vecino?,
¡que se aparten!, porque a estos guerreros parece
no importarles mucho.
Tradicionalmente ninguna ventana y ni ningún vecino
se ha salvado de recibir su respectivo pelotazo. ¡Ni
modo, a quitarse!, que la euforia es explosiva.
Otra de las “canchas” que no se salvan son las
de la “Zaca” y hasta la de Arcos de la Cima,
en esta última los bichos están atentos de
la cita que tienen y al oír el peculiar silbido acuden
al llamado.
“Todos nos pasamos buscando, jugamos de tres a seis,
casi siempre”, cuenta Óscar Cárcamo,
un “jugador” de 17 años, de Arcos de
la Cima.
“LA CANCHA”
Las futboleadas callejeras son de las más económicas
que existen, los elementos los encontrás a tu alrededor;
piedras o ladrillos te sirven de meta, la calle es tu cancha
y si no tenés balón, cualquiera te lo presta.
Si no, recurrí a la pelota más barata y “estirada”
de todas: la pelota plástica. Esta de generación
en generación ha acompañado a la bichada aficionada
en su pasión futbolera, pese a su fidelidad ha sido
agarrada a patadas.
Además, cualquier espacio, rincón, tierra,
polvo y asfalto es buen candidato para convertirse en “cancha”.
“con todo y patadas”
Para comenzar el partidazo no se necesita el pito de un
árbitro, ni reglas, ni uniforme, sólo un par
de tenis viejos, unos tres compañeros más,
ganas de sudar y arrancár.
Las “bendiciones” y las pelotas pinchadas de
parte de los que “no se apartan” y de tus vecinos
no te faltarán, ¡que importa! es parte de nuestra
cultura futbolística.
Lo que sí te dolerá son los raspones y chollones
que te darás y las patadas que te darán tus
contrincantes.
Y
para ponerle emoción al mascón algunos bichos
se retan con los de otras colonias y hasta hacen apuestas.
“Nosotros apostamos la bebida, el equipo que pierda
tiene que invitar a todos a frutsis” cuenta el Pecas,
jugador de Arcos de la Cima.
El fútbol callejero será por siempre de los
más emocionantes, del cual ninguna “estrella”
del balompié, al menos nacional, se ha escapado.
¡Entrale!, quién quita y por vos algún
día llegue a ir El Salvador a un mundial de fút.
¡Mmmmm!
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