PEDRO INFANTE
PARA RATO
Querido,
odiado, idolatrado, el actor mexicano se convirtió
en un mito
que, aún en estos días, no pierde vigencia
Jorge
Cortez *
Pedro
Infante es la persona más idolatrada de la historia
contemporánea de México. Durante estos años,
muchos imitaron su modo de cantar, vestir y hasta su manera
de escupir. Junto a Carlos Gardel, Eva Perón, Ramón
Novarro, el Che Guevara y María Félix su leyenda
sigue presente en gran parte de los hogares latinoamericanos,
gracias a la constante repetición de sus imágenes.
Pedro Infante representa todavía en nuestros días,
lo que todo mexicano debe ser: amigo incondicional, honesto,
buena paga, amante romántico, hombre de palabra y
sobre todo macho mexicano. Aunque el machismo
de Infante está representado de una manera dulce,
como el hombre incapaz de dañar a una mujer, como
un pícaro simpático, fiel a sus infidelidades
y de gran corazón.
Su actuación nunca fue brillante y me atrevo a decir
que gran parte de sus películas son pésimas
y aburridas, con argumentos que van de lo sublime a lo ridículo.
Sin embargo, dejando en el olvido a magníficos actores,
la mayoría del público ha preferido a su ídolo
mexicano. Este fenómeno no ha sido casuístico
en nuestro continente, pues en la actualidad figuras como
Thalía, Paulina Rubio, Shakira, y toda la bazofia
que promueve una enorme compañía mexicana,
es idolatrada ciegamente por la teleaudiencia.
Detrás de su muerte
El fenómeno de Pedro Infante tiene otros matices.
Perpetuado como símbolo por décadas enteras,
dejando en el olvido ha navegado con buena suerte a lo largo
de la historia, y constituye un símbolo de la cultura
popular de nuestros países.
Murió en un accidente de aviación una mañana
de un lunes de Semana Santa, el 15 de abril de 1957, cuando
despegaba, en avión particular rumbo a México,
DF, donde lo esperaba un equipo de filmación que
rodaría La Tijera de Oro, junto a las
actrices Sofía Álvarez y Martha Mijares.
Pero señoras y señores, no todo era color
de rosa en la vida de Pedro Infante, convertido en el sueño
dorado de multitudes que lloraban, reían y sufrían
al verlo actuar. Las mujeres que lo deseaban ya fuese como
amante, esposo o hijo, se negaron a creer que su ídolo
también era un contrabandista con amistades oscuras
y peligrosas. El morbo y la ignorancia han sido, entre otras
cosas, el opio de los pueblos latinoamericanos.
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SE PONÍA
DIFÍCIL
En la avioneta particular en
la que viajaba, transportaba contrabando y droga procedente
de tierras bien cercanas, el sobrepeso de la carga,
fue la causa por la cual se estrelló la aeronave.
Durante mi estancia en México, oí decir
que también protagonizó varios escándalos
cuando se le subían las copas a la cabeza,
tenía la mano suelta con sus amantes. Se alega,
también, que no era tan buen amigo como se
dice. La sociedad terminó por absorberlo, no
queriendo adjudicarle su verdadera responsabilidad
moral, decidió evadir la realidad. No por gusto
Pedro Infante era querido por unos y odiado por otros.
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