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LUZ Y SOMBRA

 


Últimas palabras.

“Yo soy el conde Drácula, el rey de los vampiros, soy inmortal” Bela Lugosi. Sus últimas palabras.
Dicen que los elefantes, cuando van a morir, se dirigen a un río profundo y poco correntoso en el que se adentran sin ningún aspavamiento hasta que el barro los atrapa y el agua los cubre. El torrente se lleva su silencio. Los hombres, en cambio, nos pasamos la vida hablando sin parar, tratando de evadir un destino trazado y creyendo que la inmortalidad está en la carne y no en nuestro esencia interna. La búsqueda de la felicidad en lo material absoluto y en las creencias edificadas en papel. Le inventamos justificaciones a todo y por algún extraño motivo, quizás a causa de nuestra enredada inteligencia, vivimos tanto en la realidad como en lo que pensamos y decimos de ella. A veces, nuestros discursos son lo bastante obcecados como para incluso conseguir opacar lo evidente. Quizás se deba a que le tememos demasiado al hecho de habitar un mundo extraño y azaroso, o quizás simplemente a que nos cuesta soportar la humillación de no ser dioses todopoderosos y absolutistas. Pero estas también son simples e inmodestas especulaciones. Como sea, es increíble cómo la muerte llena de nuevos y poderosos sentidos eso que dijo en vida. En este mismo momento recuerdo una noche de juerga con Virginia en el bar el Cuervo en Santiago. Ya habíamos vaciado varias horas de conversaciones y tragos cuando, antes de irnos, me dijo “ Cambiamos de lugar y sigamos viviendo la noche”. Bajamos por las escaleras y nos adentramos en el tornado de gente que caminaba a esa hora por la Alameda, sólo que mientras ellos avanzaban en soledad, nosotros lo hacíamos del brazo y dando pasitos cuidadosos. Esa vez hablamos mucho de libros, al hablar de libros, hablamos de últimas palabras que sellan los finales que cada cuento o novela. En buena medida, las ultimas palabras de un muerto son las que uno recuerda como el final de un texto.

A veces, esas ultimas palabras fueron mudas. ¿ Pero cuándo comienzan en realidad a pronunciarse las últimas palabras? Para efectos de estas ideas, me dan ganas de decir que desde el momento en le ponemos atención al otro, y dejamos de pensar en uno mismo. Las últimas palabras, las más valiosas, son las que nuestro respeto concede a quienes nos conversan con sinceridad y humanismo.

¿ Quién escucha las últimas palabras de los niños muertos en las guerras planificadas? ¿ Quién las escucho y lloró antes de soltar la palada de tierra sobre sus despojos? Habría que entender entonces que, dado que no somos dioses y que el fin nos acecha por todos los flancos, convendrá escuchar al prójimo con una atención sagrada. Escucharlos mientras podamos, incluso más allá de sus palabras. Más allá de las pretenciosas ideológicas, de las creencias, y más allá de nosotros mismos. La muerte, mal que mal, está a la vuelta de la esquina y es de lo único que podemos estar seguro que nos llegará tarde o temprano.

Eso sí tienen que ser nuestras palabras que nos hagan enfrentar la muerte y conocerla con la tranquilidad intensa. Reconocer la perdida y no negarla para no estar entrampados en una situación que nos lleva a ser egoístas con nuestro dolor. No podemos controlar la vida, y menos la muerte. La elección de sobrevivir es nuestra con la capacidad de dar las gracias a quienes parten, pues lo único que no muere y vivirá en nosotros serán los bellos recuerdos inmortales.


*Zarko Pinkas es periodista y estudia una Maestría en Ciencia Política en la Universidad de Chile, en la ciudad de Santiago de Chile.
 

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