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Juegos con tufo a rincón

Muchos de estos juegos tradicionales con los que algunos nos divertimos
hace pocos años, han pasado al olvido, gracias a los adelantos tecnológicos
y nuestra vida sedentaria, y vos ¿te acordás de cómo se jugaban?

René V. Contreras

Me dió risa y causó un poco de extrañeza un día en que le pregunté a un niño de 9 años que si en su colegio todavía jugaban chibola. “¿El qué?” me preguntó y tuve que explicarle que las canicas eran una pelotitas de vidrio, con la que los niños de antaño se divertían.

Traducción: los de más de 20 años ya estamos viejos y chocheamos con delirios de nuestra juventud. Tanto en los cheros como en las cheras, el caché tuvo mucho que ver para dejar de lado esas costumbres prehistóricas.

Ensuciarse las manos jugando en la tierra con esos pedacitos de vidrio no es nada “cool” y mucho menos darse de latigazos con un trozo de ese hule negro que servía para saltar.

Estamos en pleno octubre y hace tan sólo una década, hasta en las tiendas de la esquina te vendían piscuchas y para los que podían, pues las cometas también se movían mucho.

Los jaxs, capiruchos, yoyos y demás fueron sustituídos por otras opciones de “jugar sin sudar”, llamense videojuegos, cartas de estrategia y otros trastos.

La nueva ola de entretenimiento, un tanto más pasivo, se traduce en desarrollar tus reacciones ante las situaciones que te plantea el juego, pero lo antigüito te servía para desarrollar tu psicomotricidad fina.

¿Y eso, qué es? Pues lo que podría diferenciarte del resto de los mortales, porque sirve para afinar destrezas manuales como las de los cirujanos, artistas y otros profesionales.

Retomamos cuatro de los cientos de juegos tradicionales para que los reconozcás y luego no le digás a tu descendencia que no sabés cómo se jugaba en tu época.

LA CALACEADA

El poder pegarle a otra chibola a cierta distancia y sacarla del “caldero” requería de mucha concentración y buen “pulso”. La cancha se dibujaba en un pedazo de tierra y podías escoger entre el mencionado caldero, cuarta y un sinfín de modalidades más.
Para gustos lo colores y en cuanto a las chibolas, podías escoger entre las ordinarias de vidrio, las elitistas de porcelana o las todopoderosas de acero. Bueno luego aparecieron las de plástico que duraban más pero no pegaban igual.
Algunos sangrones usaban los baleros, para reventar las indefensas chibolas que habían sido vencidas.
Para definir el orden de los participanes, se trazaba una línea a unos tres metros, y el que lograra llegar más cerca a esa raya, pues tenía el privilegio.

UN MUNDO APARTE
Ganar un encuentro de estos, podía representar obtener todo un botín en cuentas de vidrio. Si viste Amelie, sabrás a lo que me refiero.
Inclusive los actuales aztecas realizaron una película en la que el tema principal se de-sarrollaba en torno o mejor dicho aún, al interior de una canica: Zurdo le llamaron y habrá que verla algún día de estos.

NO HAY BLADE QUE VALGA

Acepto que los trompos que venden en los almacenes son mucho más fáciles de hacer “bailar”, pero lograr la “bailarina” con uno de los trompos de antaño era un arte que sólo unos cuantos podían realizar.
Sí, antes del plástico, los “Blade” y los “Duncan”, existían trompos de madera con punta metálica y que se hacían girar gracias a un cordel.
Algunos se tomaban la molestia de fabricarlo ellos mismos. Guachipilín o Guayabo era la madera ideal, y vos le dibujabas el diseño que querías.
Era muy popular entre los cheros, aunque una que otra bicha se ponía al brinco con el cordel.

LA PENITENCIA
Si tu papá o tu mamá jugaba al trompo de chiquito, preguntale si se acuerda ¿qué era eso de “500 calazos”, y a lo mejor estalla en llanto.
Va pues, eso significaba que si aceptabas a jugar a los 500’s y perdías, el ganador podía destrozar tu trompo dándole nada más que esa cantidad de golpes, con el eje del campeón.
Ya quisieran los nuevos trompos aguantar tanto golpe.
Otra modalidad para “sacrificar” al perdedor consistía en poner el trompo con la punta hacia arriba y el verdugo le dejaba caer una buena roca para quitarle lo “sedita” y sacarte del juego.

PULSO CON CAPIRUCHO

Los mexicanos les llaman baleros, en Costa Rica boliches, para los Coreanos es jangu, los japoneses le dicen kendama y en Francia de donde obtuvo la forma que actualmente conocemos, lo llaman bilboquet. No fue hasta allá por 1910 que tomó auge el jueguito y hasta se fundaron academias. Claro que solo los grandes señorones podían inscribirse.
Claro que con la popularización del aparatito, se propagó rápidamente por todos lados.
En la prehistoria guanaca de mediados del siglo pasado, los que algún día fueron niños, cuentan que los hacían de bollos de hilo.

INGENIO PARA JUGAR
Hacían cola en las costurerías para que esas señoras les regalaran tan preciado insumo, que en ese entonces estaba hecho de pura madera. El bastóncillo lo hacían de un cepillo de dientes viejo.
Hoy día, si querés conseguir uno de estos, tenés que visitar una tienda de souvenirs, comprar uno de plástico en el súper o si lo preferís, buscalos en la zona de artesanías de los mercados municipales.
Posiblemente algún día lográs hacer 50 de 50, todo un reto hasta para los más experimentados.

PERSONALIDAD DOBLE

El nombre de este artefacto, pareciera denotar un problema de personalidad del mismo. Al parecer el yoyo podría haber sido inventado por los chinos, 500 años antes de Cristo.
Los griegos, egipcios y filipinos habrían sido parte de los bichos que debutaron con este jueguito, sólo que le dieron otros usos.
Por ejemplo, se dice que los filipinos lo usaban para cazar animales en los árboles, claro, estaban echos de piedra y la cuerda servía para encontrarla y usarla varias veces.

VOS DECIDÍS
Los hay de todo tipo: de madera y plástico los más calle, porque también hemos visto algunos elaborados de acero inoxidable y con estuche afelpado, justo para esos pequeños gustitos.
Hasta el momento no han vuelto a salir los que se hicieron famosos en la década de los 80, los yoyos Duncan, que fueron la fiebre en casi todo el continente.
Los trucos o “suertes” más comunes eran el perrito, con el que parecías pasear al yoyo por la calle.
Bueno, no importa cuántos años tengás, pero seguramente si uno de estos artefactos llega a tus manos, no podrás aguantarte las ganas de regresarte a ser niño otra vez
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Aparte del cumbo de leche, una piscucha tradicional te puede salir en unos $1.40

No tendrá los colores de un Blade, pero si que resulta ser más barato si se quiebra.

Papel china : $0.03 ctvs
Rollo de nylon : $1.14 dlrs
Engrudo : $0.11 ctvs

Trompo : $1.00 el más caro
Cordel : $0.25
Acera p’pulir : Gratis

Debido a la escasez de bobinas de hilo, puede andar entre los $0.50 y el dólar.

Este sería uno de los juegos más caros, toda una bolsa de 10 chibolas cuesta: $0.12 ctv.

Capirucho : $1.00
Raspador (güiste) : Gratis
Pulso : No tiene precio

10 Chibolas : 12 Ctvs dolar
Tierra en el patio : Una buena regañada de tu madre.


 

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1999 :: 2002

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