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Placer por cometer
el VII mandamiento

Como Adán y Eva todos en algún momento de nuestras vidas hemos
sido tentados a cometer “pequeños pecadillos”, sólo que
la “manzana del pecado”...era del super de la esquina.

Claudia Montes
Fotos/Manuel Orellana

“Estás en un super como de costumbre, de repente te viste sólo en el pasillo y frente a ti, un estante lleno de deliciosos chocolates rellenos de maní y no los podés ignorar e “inofensivamente” te los embolsás porque creés que nadie te ha visto.

¡Error! el ejemplo de Winona Rider te puede salir caro ¿no te distes cuenta por todo lo que paso esta bella actriz, por llevarse unas prendas de vestir en una tienda de ropa?

Como un buen mago, todos hemos caído en más de alguna ocasión en la tentación de desaparecer algo pequeño que pensamos que no hará daño a nada, ni a nadie. Así, un desfile de lapiceros y cosas pasan todos los días por mi escritorio.

Pero, ¡cuidado!, puede hacerse un vicio para ti y podés caer en un acto delictivo que ya no es una simple travesura, sino un hurto.

En la niñez y adolescencia es casi una tradición que un grupo de amigos que
fue de “compras”, más ingeniosos que inofensivos planeén desaparecer del super pintalabios, esmaltes, chocolates y las que no se salvan nunca: las uvas.

De cosa en cosa por “hobbie” ya tenés decorado el comedor de tu casa con
una colección de servilleteros y ceniceros de todos los restaurantes.

Para Jelko Molina psicólogo clínico, existen dos causas que propician a realizar estas traverusas en los niños y adolecentes, la primera es por llenar una necesidad afectiva emocional que demanda el hijo de sus padres y la otra que se da principalmente en la adolescencia, la cual consiste en utilizar el robo como una forma de revelarse a las normas que nos han impuesto en la sociedad. Esto se da como una forma de competir y sobresalir ante sus amigos, y decir: ¡yo puedo contra todos!

la cleptomanía

Aunque frecuentemente se utilize para hacer bromas y chistes, aquí hablamos ya de una enfermedad, un problema serio para quienes lo padecen.

Al contrario de lo que se cree popularmente, un cleptómano no roba indiscriminadamente todo aquello que se encuentra, ni disfruta haciéndolo. La persona con cleptomanía siente inesperadamente el impulso de robar algo, que frecuentemente no tiene apenas valor monetario, ni le es de utilidad.

Ese impulso llega de forma inesperada, sin planearlo previamente, y resulta irrefrenable para el enfermo. Eso provoca una ansiedad grande, que se torna en una sensación de satisfacción o relax una vez cometido el hurto, pero luego presentan sentimientos de culpa.

En todo caso, ni todos los ladrones son cleptómanos, ni todos los cleptómanos roban, pues según estudios sólo el 2% de los hurtos en tiendas están relacionados con esta enfermedad.

Y un dato curioso y “extraño” es que la cleptomanía es un control de impulsos que afecta sobre todo a las mujeres ¿pueden creerlo?
Ten cuidado ya que las leyes aquí no distinguen entre robos comunes y robos por cleptomanía.

Por si acaso, medí las consecuencias no vaya a ser que tu foto aparezca de adorno colgada en un super o te cachen y te lleven de paseo al “bote” por cosas que no tiene mayor valor o por que se te “olvido” devolverlas.

La opinion de un experto

Para comenzar definiremos la Cleptomanía como una propensión morbosa al hurto.
Según el psicólogo Jelko Molina la Cleptomanía es una enfermedad o tendencia a robarse las cosas sin conciencia de sus actos, pero cuando caemos en la acción de robar, concientemente, con un objetivo entonces ya es algo ilícito, delictivo, delincuencial.
Para el profesional, este problema de niños y adolecentes se da por falta de afecto y utilizan la forma de robar para llenar una necesidad afectiva emocional que demandan del entorno.
Es decir que si un niño roba, lo hace por llamar la atención de sus padres, ya que existe poco afecto hacia él.
En el joven también existe otro motivo inclinado a la sensación de revelarse a las normas que le han impuesto o hacerlo por competir con sus amigos.
Pero hay que tener cuidado porque puede pasar de un robo menor a un acto delincuencial.
Los padres de familia al descubrir que su hijo comete este acto, deben acercárse a él, sin castigarlo.


 

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