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El
Mapuche
Mala Onda.
El ser, en una sociedad mass mediática, atada a
las costumbres, al consumismo extremo y a la rutina, posee
la ventaja de no pensar más allá de la receta
de la televisión. Ahí está la vida
y se está terminando minuto a minuto como esos programas
fuera de producción: Alf y Miami Vice. Cuánto
puedes saber sobre ti mismo, si jamás has estado
con otra persona, compartiendo frente al espejo, tus grandes
debilidades y fuerzas, mas al monologo de la tele chatarra
la atiendes sin negar.
Te das cuenta, al décimo vaso de vino en la boca,
que nuestra Generación Crítica, no sufre de
depresión, sino del conflicto de no discernir más
allá de lo dictado por la herencia de los genes de
las malas vibras y ondas. Nuestra guerra fue espiritual,
ahora nuestra crisis nace del aburrimiento a intoxicarnos
de tanto pensar en los logros impuestos, y no de nuestra
esencia personal que se conecta a... ¿ Qué
diablos? Si lo supiera no escribiera esto, y saltaría
como un conejo en un parque de diversiones para amnésicos
sociales. ¿Tal vez a la tele chatarra?
Viene a mi mente como un golpe, los tiempos colegiales.
Cuando todos querían ser algo, no alguien. Para conquistar
sobre la marcha un mañana risueño, teniendo
que seguir a esos pequeños líderes de la ignorancia
de las masas televisivas. Adoradores de lo fatuo y tedioso
de lo aprendido de la caja boba.
La depresión pegada a ciertas existencias (la mayoría
por suerte logra la amnésica felicidad) posee el
sentido del zapping frente a una tele con cable, tratando
de encontrar la salvación en un programilla con finales
irreales dignos de una nueva secta de seguidores de Coelho
o de otro ídolo de masas, doctas a su manera.
¿ Háganme especular, por favor? En medio del
huracán de seres urbanos, quienes gritan que no pueden
casarse, pues todavía son niños de 30 años
sin madre sustituta. Somos una prole criada por la televisión
no por mujeres latinas más fuertes que los hombres
con pistolas. Puede ser que otra novela o dibujo animado
sea la respuesta para calmarnos y dejar de respirar aceleradamente
en medio de la turba.
Sin las inhibiciones heredadas, pues algún día
vas a morir, y hasta que no concibas eso y reprimas un rato
la tele, eres inútil para ti mismo y un usurero para
los demás. Piensas en el porvenir en una burbuja
repleta de consejos propios, leídos en el horóscopo
como una mala droga.
Con los ojos abiertos sin darte cuenta de tu alrededor.
Pegado al sofá rezando por buenas noticias en el
telediario de la noche; o esperando el momento exacto para
salir gritando con el control remoto en la mano, ponértelo
en la sien y cambiar el canal del interior de los malos
pensamientos de una virulenta noche.
Después de que el consumo excesivo te consume. Das
cuenta exacta que las cosas que posees, acaban poseyéndote.
No tienes nombre, solamente cosas que te venden como en
los remates del fin del milenio. No gozas de apellido, solamente
un precio. ¿Evoluciona?
¿ Hacia dónde? Arriba o abajo sin un sentido
exacto. Dueño de tanto conocimiento y de tan poca
ignorancia realista. Por suerte trasmiten The Smipson y
The Osbournes . Homero y su trasero y Ozzy, mintiendo sobre
su ocaso, posee un olor a realismo postmodernista involutivo
exquisito. Patética vejez, haz inmortal a un rockero
antes que su eutanasia sea trasmitida por MTV. Eso sí,
puedo dejarme arrullar por la televisión encendida
toda la noche, y esperar el capítulo final mañana
en el mismo canal y a la misma hora. ¿O será
que me transmiten lo que merezco como masa?
*Zarko Pinkas es periodista y estudia
una Maestría en Ciencia Política en la Universidad
de Chile, en la ciudad de Santiago de Chile.
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