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Plagados de Kitsch
Los
hay de todos los colores, materiales, formas y tamaños.
Van desde los simples recuerditos de ocasión, hasta
lo banal
e inútil, sin embargo, hay algo que nos mantiene
ligados a una
gran colección casera.
Redacción
Planeta
Fotos/Arely Umanzor
En más de una docena de ocasiones nos hemos visto
envueltos por un arrebato de insensatez y se nos ha ocurrido
comprar, usar o regalar algo meramente inservible.
Llaveros, tazas, colas de pato, muñecos de nieve,
vasos con luces, relojes de pared y miles de cosas más
se han vendido en Sivar desde hace varios años.
Para un purista del arte, esas pequeñas cosillas,
y otras no tan pequeñas, que carecen del más
mínimo gusto estético son catalogados como
“Kitsch”.
Esta palabrita tomó auge por los años sesenta
del siglo pasado y se refiere a artículos “basura”
o de poco valor artístico, pero que inundan todas
las casas del mundo actual.
El término no tiene nada que ver con el de artesanía,
porque en este caso si hay un concepto artístico
que se valora siempre.
De lo kitsch no se escapa nadie, hasta hay kitsch de caché
como asientos de inodoro con decorados “exóticos”
o peces espada parlantes que remosan tu reducida sala.
El abc del kitsch
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Estudiosos del kitsch han elaborado sesudos estudios y
catalogado las
diferentes tipologías de artículos que un
homo sapiens del siglo XXI debe conocer.
A continuación te presentamos algunas de las características
esenciales que debés buscar en un artículo
para que tengás la certeza de que es kitschtiano
de pura cepa.
Primero debe ser lo más inútil posible: un
llavero con forma de pistola pirata, pero que en realidad
es una micro navaja plegable y sin filo.
Segundo: tiene que ser super barato (entre una “cora”
y cinco dólares). Es indispensable que el precio
aún esté pegado en la pieza.
Deberá ser interesante o pretencioso, aunque esté
hecho del más vil plástico reciclado y pintado
con el spray dorado que dijimos anteriormente.
“de recuerdo”
Tercero: puede representar (o intentarlo al menos) un edificio
de la ciudad que se ha visitado. Una torre Eifel, un Big
Ben o el Taj Majal. Si no los has visitado pues no te preocupés,
te lo debió haber regalado alguien por ahí.
Cuarto: deben, y repito, d-e-b-e-n haber sido fabricados
en cualquier otro lugar lejano al país donde se ha
comprado, es decir que si llevan la leyenda “Made
in” seguido de China, Malasia, Taiwan, mucho que mejor.
Quinto: las palabras “auténtico” “certificado”
o “calidad”, brillan y destellan por su ausencia.
La capita de pintura dorada también debe adornar
los bordes.
Finalmente ha de tener una gran facilidad o un buen imán
para atraer polvo y suciedad, pero fundamentalmente, tiene
que ser indestructible, léase plástico.
En pro...
Por lo general no nos deshacemos de ellos porque nos lo
dio la media naranja hace varios años, o porque es
el trofeo que te conseguiste tras ganar el concurso de comedor
de pizza.
Es más algunos consideran que es esa “falta
de gusto” la que ha hecho evolucionar la moda de actualidad.
Hay marcas que te garantizarán vivir a plenitud ese
minúsculo momento de originalidad, aunque ya lleve
marca.
No estarás “in” si no llevás algo
de kitsch dentro de tu ser.
A propósito, las lámparas de lava me llaman
mucho la atención. Con vuestro permiso planetarios.
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Si
el “volado” en sí pertenece a otro
contexto como los muñecos de nieve, camellos,
arena embasada del mar muerto o simplemente hacen
mención de lo “retro”, pues también
se puede hablar de la nueva plaga del milenio.
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El
dicc. alemán-español de Franz Müller
señala sobre el Kitsch: m. Mamarracho, cursilería.
La
Real Academia Española dice: (voz al): adj.
Dicho de un objeto artístico: pretencioso,
pasado de moda y considerado de mal gusto.
En
Worldofkitsch.com: arte, literatura, moda, etc., que
ha sido desechada, vulgar, sentimental y algunas veces
pretenciosa.
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Si
te gustan las alergias:
Otros dignos ejemplos de la basureada de moda lo constituyen
artículos automotrices como los famosos timones
de cadena, palancas de velocidad de calavera o niqueladas
o retrovisores en forma de llamas.
Para la casa, las lámparas de lava, asientos
de inodoro transparentes con herramientas o conchitas
incrustadas y radios impermeables para la ducha. Los
benditos tamagochis fueron lo máximo del kitsch
electrónico de fin de siglo.
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