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LUZ
Y SOMBRA
Reencuentro
Absolutamente siento
que el regreso puede tener el rostro amigable cuando se
percibe desde el aire. Después de ocho horas ,al
bajar de las nubes, las alternativas del nomadismo no importan
al momento de querer estar con los nuestros. Una sensación
de vuelo interno santificador se acaba y, con los pies en
la tierra, se trata de reubicar el rompecabezas sobre la
solitaria tierra.
Buscar algo novedoso en un espacio donde nuevas arrugas
y cambios han marcado las colinas. Viajar y regresar a un
mismo cielo, hace calcular con los dedos de una mano la
posibilidad de sacar provecho de las indolencias externas.
Volcar los ojos hacia el interés propio, donde se
guardan las viejas y pasadas modas pasionales por lo radical.
Sexo, Drogas y Rock and Roll de la ignorancia almacenadas
en esa parte oculta de nuestra mente. Aburridos mensajes
del salvajismo de lo intenso sin racionalidad.
Esa actitud que hace meditar que lo primordial viene de
tomar un feo y oxidado martillo, y darle con las fuerzas
internas para derribar hasta los cimientos las estructuras
que impiden el aterrizaje forzoso sobre la tierra real.
Al derribar esa viaja casa de actitudes heredadas del aburrimiento,
y al descubrir lo imperfecto y aterrador de nosotros mismos,
puede darse la oportunidad de cambiar el recuentro.
Sobresaliente, sin mala vibra. Ver hacia los espejos que
producen esas comezones que nos provocan temblores en el
alma, sabiendo que siempre lo querido será nuestro.
Esto planteo con la queja del condenado al cadalso de realidades
absolutas.
¡Ay de aquellos que piensan que tienen la verdad absoluta,
siendo está relativa! Cédanme , por favor,
su somnolencia apetecible. Dogmáticos y cerrados
a la oscuridad y claridad atrapadas en las acciones reales.
No ven que caminamos sobre la tierra en busca de una propia
felicidad colectiva ofrecida como pollos en un mercado,
fuera de las pretensiones ideológicas, de las creencias
y del el interior de nosotros mismo. Si el diálogo
interno desaparece, si se deforma el pensamiento propio,
no hay verdad, ni libertad ni paz al regresar.
Nuestra libertad de descender del avión y reconocer
que sé puede ayudar de la peor manera o de la mejor
a curar nuestro hogar propio. Ese que se decora con nuestro
espíritu racional.
Allá, al final, el ocaso junto a los soles, quemando
el viejo pasado que ahora es presente. Dicotómico
del amor y el odio, de la justicia y la injusticia, de la
realidad y la irrealidad de cada uno. Ponerse en guardia
y velar las armas, hay que esperar ser el combatiente de
una propia fe. De nuestra fe.
Uno mismo no se puede abandonar más. Ni reclamar
por nuestra herencia histórica para amargarnos desde
la juventud hasta la eternidad. No podrán heredar
esa candidez falsa e hipócrita para enfrentar esos
nudos de viejas sogas, las cuales nos atan a discursos bonitos
de cristal.
Reflexionar con autocrítica. En ese momento, el espejo
hay que quebrarlo y ver el otro que cubre la urbe repleta
de nuevos centros de regocijo, aunque tengo presente los
ojos de la luna al entrar al lado de la crítica interna.
Eso me ha dado un poco de impacto irracional. Siempre la
veo regida entre las sombras para bien o para mal con esa
mirada blanca. Tengo ganas de ver cómo estará
en cuarto menguante. Claridad de la noche, estrellas de
mediodía y reconstruir a diario, sin ver reflejos
impuestos de eso que puede transformar al recuentro
en algo muy aburrido.
*Zarko Pinkas es periodista y estudia
una Maestría en Ciencia Política en la Universidad
de Chile, en la ciudad de Santiago de Chile.
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