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SANTITOS
Son
gente normal. Pero sus creencias impulsan a estos jóvenes
a combinar el ocio con el trabajo comunitario
Redacción
Planeta
El
ir y venir para comprar el estreno y la pólvora,
el trip de ir al cine el 25 de diciembre o el 1 de enero,
y las ganas de comer pavo no son gustitos desconocidos para
estos bichos.
Pero en medio del ajetreo de estas fechas Roxana, Cristian,
Ofilio, Greysi, Marari, Rocío y Elena hicieron un
espacio en su agenda para alegrar la vista de los pacientes
del Hospital de Niños Benjamín Bloom... No,
no se vistieron de payasos, sino de pintores de brocha gorda
para mejorar el aspecto del costado sur del hospital. Hasta
el lunes pasado, ya habían pintado seis salas y el
pasillo de la cuarta planta.
Los papás que llegan a ver a sus hijos enfermos
nos preguntan si somos de algún colegio y estamos
haciendo las horas sociales, pero nosotros les explicamos
que somos de una iglesia y que hacemos eso como un servicio
a la comunidad, dice Elena Alvarado, estudiante de
comunicaciones, quien a sus 18 años no duda en dar
un poco de su tiempo libre para ayudar a otros.
Elena y los demás son miembros jóvenes de
la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos
Días, que desde Ciudad Merliot, Santa Tecla y Las
Palmas llegan al Bloom a las 7 a.m. para continuar con el
trabajo. No nos hemos puesto una fecha para terminar,
pero vamos a seguir cuanto tiempo sea necesario, afirma
Marari Cabrera, estudiante de administración de empresas,
quien agrega que cada año hay como tres actividades
de este tipo, que se combinan con tardes de talentos,
actividades deportivas y fiestas donde la cerveza es sustituída
por las gaseosas.
Cuando todo mundo sabe que uno tiene una creencia
todos los ojos están puestos en uno.
Roxana Montepeque
17 AÑOS
El servicio a la comunidad es como lo que hizo
Jesucristo cuando estuvo entre nosotros.
Cristian López
20 AÑOS
Si otra gente ve nuestro esfuerzo por ayudar, tal
vez ellos hagan lo mismo.
Marari Cabrera
22 AÑOS
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