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Embarcarse
en un proyecto como el de este filme fue una valerosa
decisión del director Kevin Reynolds.
Jorge
Cortez
En estos tiempos aburridos cyber-thrillers,
insulsas comedias románticas y pedestre acción,
resulta refrescante ver una película que balancea
perfectamente el contenido melodramático con
la aventura, poniendo igualmente atención en
una narrativa inteligente y económica. Y para
redondear, adornada con buenas actuaciones, hermosa
fotografía y excelentes locaciones.
Pero antes de que parezca que me pagaron por hablar
bien de esta película, veamos la historia:
basada en la novela de Alexandre Dumas, El Conde
de Monte Cristo nos muestra a Edmond Dantés,
un emprendedor marino cuya buena voluntad y precisos
instintos le dan la capitanía del buque donde
sirve junto con su buen amigo Fernand Mondego. Este,
a pesar de ser de familia noble y adinerada, secretamente
envidia la buena fortuna del humilde Dantés,
lo que incluye a su guapa prometida Mercédés.
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Esta envidia ocasiona que Mondego denuncie secretamente
a Dantés como espía, con lo que el prometedor
joven termina preso en una terrible cárcel
destinada, como dice el alcaide, no para los
culpables, sino para quienes nos averguenzan.
Quienes busquen una fiel adaptación de la obra
de Dumas tal vez queden un poco desilusionados. Aunque
el guión hace buen trabajo con la caracterización
de los personajes, es innegable que se ha tomado ciertas
libertades al modernizar la trama, particularmente
cuando se refiere a los diálogos y a las actitudes
de los protagonistas. Aún así, respeta
el espíritu y cuenta con suficientes sorpresas
y giros como para satisfacer a quienes buscan entretenimiento
ligero. Sin buscar gran mérito artístico,
El Conde de Monte Cristo logra entretener
con una historia bien pensada y trabajada.
* Estudiante de Ciencias de la Comunicación
en la Universidad de Guadalajara, México.
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