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Al
igual que su predecesora, Blade II logra una eficaz
combinación de extravagantes conceptos
Jorge
Cortez
Es de admirar el giro que la compañía
Marvel Comics ha dado en el último año
y medio. Bajo la dirección de Bill Jemas y
con la jefatura editorial a cargo de Joe Quesada,
el otrora elefante blanco es hoy la fuerza más
importante en la industria del comic norteamericano.
Por otra parte, Stan Lee y Avi Arad, responsables
de los aspectos fílmicos de Marvel, de algún
modo superaron su etapa de desesperación, en
virtud de la cual cometieron varios errores, que fueron
desde la horrible Captain America, de
1999, hasta la entretenida pero hueca Punisher,
de 1989.
Igual que su predecesora, Blade II logra
una eficaz combinación de los extravagantes
conceptos propuestos en el comic, con la fórmula
y estructura del cine de acción contemporáneo.
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Al comenzar, vemos a Blade trabajando en su eterna
lucha contra los vampiros, ahora auxiliado por Scud,
un genio mecánico que se encarga del armamento
que Blade utiliza y que reemplaza al fallecido Whistler.
Entonces, en un enfrentamiento, Blade es sorprendido
por una propuesta de parte de la comunidad vampírica.
No pretendo decir que Blade II es una
gran obra dentro del arte cinematográfico...pero
si es una película muy bien lograda con una
gran dirección. La trama es una apresurada
excusa para meterse de lleno en la acción tan
pronto como sea posible. La mayor parte de los personajes
son planos y anónimos, pero las excepciones
son tan fuertes que logran compensar con su arrasador
carisma. Snipes merece respeto por el tono de su actuación.
* Estudiante de Ciencias de la Comunicación
en la Universidad de Guadalajara, México.
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