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Es
evidente que la película busca deshacerse del
artificio del cine contemporáneo
Jorge
Cortez
En un par de ocasiones he mencionado el movimiento
cinematográfico Dogma. Un movimiento por demás
interesante, con la utilización del dogma,
basado en una serie de reglas para la producción
de un filme en las que destacan: la exclusiva utilización
de sonidos ambientales, la cámara al hombro
y la luz ambiental, entre otros. Von Trier es uno
de sus creadores.
En Bailando en la oscuridad, conocemos
a Selma, una humilde inmigrante checoslovaca trabajando
en una fábrica del norte de los Estados Unidos.
Su pasión por las películas musicales
de antaño, en ocasiones es lo único
que la conforta. Pero Selma carga un secreto que pone
en peligro su trabajo y el futuro de su hijo.
Esa pasión por los musicales (se escuchan varias
canciones de La novicia rebelde, que cantadas
por Björk toman un matiz diferente) se manifiesta
en varias secuencias de baile que realmente chocan
con el tono súper realista de la cinta.
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El director Lars Von Trier echó mano de las
técnicas que su movimiento rechaza (como la
música, coreografía y montaje). Pero
siento que esa fue la intención.
Evidentemente, una película que busca deshacerse
del artificio del cine contemporáneo queda
a merced del talento del director y sus actores. Al
no haber distractores, la atención se centra
únicamente en los personajes y las emociones
que transmiten. Igualmente se requiere de un guión
ágil en su desarrollo, pero con la profundidad
necesaria para respaldar las actuaciones.
* Estudiante de Ciencias de la Comunicación
en la Universidad de Guadalajara, México.
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