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En
el inicio de pleno siglo XVII el que las mujeres se
dedicaran a la pintura era algo descabellado
Redacción
Planeta
Corre el año 1610 y Artemisia Gentileschi,
hija de Orazio tiene una obsesión: descubrir
cuan expresivo puede llegar a ser el cuerpo humano.
Y decide estudiarlo seriamente, para luego plasmarlo
en el lienzo.
El señor Gentileschi ha sido su mentor durante
los primeros diecisiete años de su vida, pero
Artemisia parece tener grandes inquietudes que Orazio
no puede responder.
Él es un gran pintor y ha sido recomendado
para coasistir en la obra del reconocido Agostino
Tassi, quien se encarga de las pinturas de una iglesia.
Su padre comprende que no puede enseñarle nada
nuevo y decide intentar inscribirla en la academia
de pintura.
El trabajo de Artemisia es muy bueno, pero a los académicos
les bastó un tan sólo defecto
para denegarle su entrada: es mujer y como tal no
debería pintar, sino tejer como lo hacen las
demás.
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Indignado, prefiere pedirle a Tassi que la acepte
como su alumna, a lo que él accede luego de
escuchar su desesperación.
A este punto, la dulce aprendiz ha realizado sus propias
investigaciones: Fulvio le ayudó mucho a comprender
sobre el volumen y proporciones de los músculos.
Junto a su nuevo maestro, descubre nuevos secretos
sobre la pintura, como sacar su estudio al exterior
y también algo sobre sus sentimientos.
Su padre se siente deshonrado, por lo que recurre
a los tribunales y Artemisia decide partir para poder
seguir creciendo como pintora en un mejor ambiente.
Artemisia fue una de las pocas mujeres del renacimiento
que pudo sobrevivir como artista, y su trabajo pasó
excluido de los textos hasta hace poco más
de dos décadas.
Agnès Merlet realizó una cinta personal,
pero que escapa a todo adjetivo que tenga que ver
con lo costumbrista.
* Estudiante de Ciencias de la Comunicación
en la Universidad de Guadalajara, México.
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