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El
filme representa un paso atrás en la propuesta
cinematográfica del director sueco
Jorge
Cortez
Lasse Hallstrom llevaba dos buenas películas
en fila (Las reglas de la vida y Chocolate), en las
que mezclaba siempre complejas relaciones humanas
con algo de sentido mágico, para finalmente
dejar en el espectador un buen sabor de boca, como
si se hubiera sido testigo de una agradable fábula.
Por ello, fue duramente criticado por un buen segmento
de los especialistas a quienes no les agradan este
tipo de cintas, acusándolo de manipulador y
maniqueo. En esta ocasión van a tener más
tela de donde cortar, pues la más reciente
aventura cinematográfica del cineasta, Atando
cabos, representa un paso atrás en cuanto
a la propuesta que había estado presentando.
Aunque técnicamente está muy bien realizada
(la fotografía de Oliver Stapleton habla por
sí sola), el desarrollo de su trama y la lentitud
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con la que se van dando los acontecimientos la convierten
en una opción prescindible.
Un multiestelar elenco del filme está comandado
por Kevin Spacey en el papel de Quoyle, un tímido
y retraído individuo que trabaja en el departamento
de impresión de un periódico. Su esposa,
Petal (Cate Blanchett), se pasa la vida engañándolo
y llevando a sus amantes a su propia casa, a lo que
él queda totalmente pasivo. En un accidente,
en el que esta última pierde la vida, Quoyle
decide cambiar de vida y mudarse a la fría
localidad de Newfouland junto con su tía Agnis
(Judi Dench).
El filme está basado en la novela de E. Annie
Proulx, y dado que esta es bastante larga, el guionista
tuvo que dejar fuera muchos detalles para poder lograr
un script que se mantuviera dentro de los estándares
normales de un filme
* Estudiante de Ciencias de la Comunicación
en la Universidad de Guadalajara, México.
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