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Todd
Field toca las fibras más íntimas de
la sociedad norteamericana. En conclusión,
un filme angustiante y sensible.
Jorge
Cortez
No podría siquiera contar las películas
que, año con año, repiten argumentos
de éxitos pasados tratando de explotar fórmulas
supuestamente probadas para mejorar las posibilidades
comerciales del producto fílmico.
Por eso es motivo de celebración la llegada
de una película que vale la pena a pesar de
su convencional trama, pues con sus actuaciones y
diestra dirección eleva la típica historia
a niveles artísticos superiores.
Crimen Imperdonable es una de estas películas
y, aunque dista de ser perfecta, es una excelente
muestra de lo que el arte cinematográfico puede
hacer, sin importar el argumento que desarrolla, cuando
hay gente con talento enfrente y detrás de
las cámaras.
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La película retrata vivamente la vida y tragedias
de un grupo de gente sencilla viviendo en el estado
de Maine, al norte de los Estados Unidos. En el pequeño
pueblo de Camden vive la familia Fowler, cuyo hijo
único Frank (Nick Stahl), mantiene una relación
romántica con Natalie (Marisa Tomei), una mujer
mucho mayor que él y con dos hijos. Natalie
está separada de su esposo Richard (William
Mapother), pero no se ha divorciado.
Evidentemente, Richard no está muy contento
con la nueva pareja de Natalie, como tampoco lo están
los padres de Frank. Entonces ocurre una tragedia
que cambia la vida de todos y los lleva a cometer
actos muy lejanos a lo normal en sus bucólicas
y pacíficas existencias.
* Estudiante de Ciencias de la Comunicación
en la Universidad de Guadalajara, México.
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