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Como
película de suspenso, La habitación
del pánico es razonablemente buena, por
varias razones.
Jorge
Cortez
David Fincher ha tenido una carrera mayormente positiva.
Y a pesar de que sus cintas son un poco irregulares,
definitivamente se trata de alguien que sabe encontrar
el balance entre el aspecto narrativo, emocional y
visual de sus películas.
Panic Room no es una mala película,
sólo que después de haber visto lo que
puede lograr este director, parece que su nueva cinta
es un mero ejercicio.
Al comenzar la cinta vemos a Meg Altman y su hija
Sarah buscando casa luego de que el divorcio dejara
a Meg en muy buena condición económica.
Se deciden por una casa en mitad de Nueva York, que
cuenta con una curiosa adición hecha por su
previo (y paranoico) dueño: una habitación
de pánico, es decir, una bóveda
totalmente segura, diseñada para salvaguardar
a los habitantes de la casa en caso de emergencia.
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Durante la primera noche que Meg y su hija duermen
en su nueva casa, un trío de ladrones, creyendo
que la casona sigue vacía, se introducen para
robar algo que está guardado, desde luego,
en la mencionada bóveda.
Como película de suspenso es razonablemente
buena. Fincher y su director de fotografía
logran varias secuencias de gran impacto visual, que
acentúan la creciente sensación de confinamiento
y urgencia. La dinámica entre Foster y Stewart
como madre e hija es buena, y ambas entregan actuaciones
muy loables. Los villanos tienen también una
excelente dinámica. Es probable que quien vea
la cinta se haga las mismas preguntas que yo: ¿Por
qué no hicieron eso desde un principio? ¿No
sería mejor si ahora...? ¿No se dieron
cuenta de eso antes?
* Estudiante de Ciencias de la Comunicación
en la Universidad de Guadalajara, México.
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