|
 
El
Mapuche
Lord
de las Depres
Sentado en un vagón del Metro, viaja Martín
en ruta a lo que parece ser un mal día. Ya se había
tratado de levantar desde lo profundo de la cama con ese
sabor, que sólo una depresión anunciada por
los pájaros del mal agüero hereda. El traje
de Lord de las Depres se lo impone como un tatuaje en su
pecho. Piensa que llueve desde lo alto sobre su cabeza sin
protección, al salir del metro con dedicación.
La gente camina sin querer saber nada de los otros, hundidos
en su propio odio y con las máscaras de un sistema
el cual les impone el miedo sin razón como regla
de vida junto a él. La lluvia inunda las viejas calles
de Santiago, mientras como el Lord de las Depres trata de
buscar lacayos a quienes culpar por sus males del mes. ¿Qué
es lo que perdió de si mismo en esta situación?
¿Fue el Heavy Metal o el New Wave el culpable? Entra
a un cine y forma parte de El ataque de los clones,
para ver que el lado oscuro tiene la fuerza del marketing
para vender a las masas el mal fin de las Repúblicas.
En un arrebato, toma papel y lápiz y escribe en una
hoja...Cuídate de tus desmayos, úlceras,
golpes y stress a lo Moliere. Cuídate querida Brillante,
y no dejes que nadie te continúe haciendo daño
a tus fantasías. Eres demasiado tú. Aunque
todavía un carboncillo en mi interior me duele y
me pesa como un escozor en la piel. Eso sí, no me
venciste. Tu victoria era verme regresar odiando al amor,
pero fallaste de nuevo en pensar que esas mentiras que nacen
de algo tan poco profundo como tu nombre, poseen la fuerza
para enterrarme.
Lord de las Depres nunca más. Ha visto
la luz mil veces y olvido que la vida tiene un placer por
las situaciones dolorosas. Entonces se sienta en el bar
y saborea el error de haber querido cambiar a un árbol
torcido. Vio venir el tren y se sentó en los rieles.
Detectó la planta venenosa y la convirtió
en su ensalada. Ambicionó distinguir lo que su imaginación
quería, un error con mayúsculas que por meses
formó parte de su vida. Ríe por fin y firma
la sentencia de reconocer la equivocación. Sin embargo,
una historia humana sin experiencias equivocadas para su
subjetividad no sería entretenido ni tragicómico
para escribirlo. Con los años, sólo serán
parte de una depresión olvidada. El material para
saber de buena tinta que casi siempre poseía la razón
con los malos frutos y que a veces las fogosidades equivocan
el sendero. No importa por el momento, hay demasiado todavía
bajo el sol de invierno.
*Zarko Pinkas es periodista y estudia
una Maestría en Ciencia Política en la Universidad
de Chile, en la ciudad de Santiago de Chile.
|
|