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Un
producto más de la estética convencional
actual: estrellas de cine y efectos especiales
Jorge
Cortez
En los sesentas y setentas, el cine de acción
e intriga utilizaba frecuentemente la amenaza del
conflicto atómico entre la Unión Soviética
y los Estados Unidos para conseguir suspenso. En los
ochentas y noventas, luego de la disolución
del bloque soviético, continuó la misma
historia, pero con distintos protagonistas y antagonistas:
la mafia rusa, generalillos de las provincias recién
independizadas...No importa realmente, cuando se tienen
a todos los héroes de acción listos
para defender a su patria de la amenaza nuclear.
Ahora, en los albores del nuevo siglo vemos que, como
reza el dicho, entre más cambian las cosas,
más se quedan igual.
En La suma de todos los miedos se retoman
las aventuras del perenne personaje de las novelas
de Tom
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Clancy, pero en una especie de precuela,
pues se muestra a un Ryan más joven que en
previas cintas. En fin, sin preocuparnos mucho por
continuidad, vemos a Jack Ryan como un joven analista
de la CIA, que pasa su día viendo noticieros
y analizando el comportamiento de los políticos
rusos. Un buen día fallece el presidente de
Rusia y es reemplazado por un tal Nemerov, sobre quien
Ryan había escrito un reporte previamente,
por lo que su jefe William Cabot recluta al analista
para ir a Rusia y estar presente en las entrevistas
que la CIA efectúa con el nuevo líder.
Una vez más, es tarea de un desesperado hombre
el evitar la destrucción de la humanidad por
medio de la guerra nuclear. Y además debe quedar
bien con su novia luego de dejarla plantada tantas
veces por ir a el mundo.
Agradezco que el protagonista no sea el tradicional
súper hombre del cine de acción, pero
el suspenso es demasiado tenue.
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