|
Esta
máquina del tiempo tiene suficientes elementos
para entretener y decepcionar
Redacción
Planeta
La novela del gran maestro de ciencia ficción
que fue H.G. Wells tuvo un par de adaptaciones al
cine muy interesantes, como la que dirigió
George Pal, The time machine, protagonizada
por Rod Taylor en el año 60, bastante fiel
al texto. Y también hubo otra en el año
79, con un muy buen guión, en este caso alejado
del original y dirigida por Nicholas Meyer, en la
que el personaje llamado H.G. Wells estaba encarnado
por Malcom McDowel.
Desde la apertura, el director de esta versión
2002 intenta parecer talentoso, pero no lo es. Con
un plano subjetivo que ingresa en una facultad, cruza
pasillos, baja escaleras ante la mirada respetuosa
de los alumnos,
|
|
hasta detenerse detrás de Alexander, un científico
en física óptica que garabatea cálculos
en el pizarrón.
Lo que no se entiende es el por qué de esa
decisión de parte del director, ya que quien
detenta esa mirada no es Alexander, ni un narrador
omnisciente, es un personaje menor que no merece ese
tratamiento.
Alexander es, obviamente, otro científico distraído.
Debe encontrarse con su novia y declararle su amor
para formalizar la relación, pero ella muere
accidentalmente.
El científico se obsesiona con una máquina
que lo regrese en el tiempo, y así pueda salvarle
la vida.
En este caso, la versión dirigida por el bisnieto
de Wells deja mucho que desear, principalmente porque
Wells es incapaz de atrapar al espectador. Por el
contario, lo espanta con una narración deshilachada,
torpe, con escenas innecesarias, un guión aburrido,
previsible y con escenas ya vistas en otras películas.
|