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Carta
Washington
Recuerdos
de cine
Antes de ver la vida yo vi cine, y allí vi lo que
sería mi vida. No puedo explicarlo, pero la vida
-¿el destino?-ha hecho que viva escenas de películas.
Es la sensación del hombre solitario que entra en
un tranvía desolado y sin asientos para ver la vida
correr por las ventanas, y nada la para.
Fue mi abuelo. El me llevó al cine antes de que pudiera
caminar y allí comencé a vivir. Allí
supe que hubo un presidente llamado Nixon, que tuvo que
renunciar cuando dos periodistas jóvenes iniciaron
una investigación larga, lenta, tediosa y aburrida.
Era Todos los hombres del presidente, y la investigación
desencadenó el escándalo de Watergate, el
nombre del hotel de
Washington que está a dos cuadras del edificio hippie
donde vivo yo, el periodista. El pasado mes se cumplieron
30 años del escándalo y, en una calle, vi
a Carl Bernstein, el personaje interpretado por Robert Redford
en aquella película. El fue uno de los dos periodistas.
Eso fue coincidencia, la realidad es que, una vez, yo tuve
una revelación en el cine. Fue el último día
de mi tercer año de bachillerato, en el San Miguel
en guerra de 1985. Los exámenes habían terminado,
yo había reprobado tres materias, eran las 11:00
de la mañana y, solitario como entonces -y ahora-
fui al cine. Vi una película japonesa donde Hideyata
Henry Sanada, regresaba de China al Japón
del siglo XVII a combatir samurais y ninjas, a vengar a
su familia y a matar al villano Henry Chiba. Los colores
eran deslumbrantes -los japoneses usan película diferente-
la acción era relampagueante y acrobática,
y aparecía la luna entre los pinos luego de la llovizna
-una luna que, en japonés se llama uguetzu-
y bajo esa luna estaba una mujer bella tocando la flauta.
Juré visitar esa tierra, juré conocer una
mujer así.
Y diez años después estaba caminando por Asia,
veía la luna entre los pinos después de la
llovizna, supe que Sony Chiba es el actor favorito de Quentin
Tarantino, y ahora estoy casado con una asiática
que es terriblemente insumisa y no toca flauta. Y esto es
el principio. Porque en el cine aprendí de la relación
que existe entre el sexo, la vida y la muerte.
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Francisco Ayala Silva es periodista y estudia una Maestría
en Periodismo en Washington D.C.
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