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Teatro de
respeto
El
Festival Centroamericano de Teatro dejó sabores diferentes
en los escenarios salvadoreños. Los grupos, las propuestas
y el público supieron aprovechar la oportunidad dando
lo mejor que tienen. Después de diez años,
el reto es mayor
Liz
Aguirre
Ocho
grupos y ocho obras teatrales vinieron a celebrar los diez
años del Festival Centroamericano de Teatro. No cabía
duda de que iba a ser de lo mejor. Fue una sorpresa que
se programara únicamente una semana, sobre todo porque
eran diez años. Sin embargo, la calidad de los grupos
compensó lo corto del festival.
En 1993, Fernando Umaña, motor principal del festival,
emprendió su sueño de crear este espacio anual.
Un año después, recibió apoyo financiero,
logístico y humano, al mismo tiempo que hizo crecer
la expectativa del público salvadoreño, que
no estaba acostumbrado a este tipo de actividades.
Poco a poco, el camino se fue abriendo hasta llegar este
año al 10o aniversario del festival.
En cifras, el Festival Centroamericano de Teatro ha presentado
a 96 grupos de Latinoamérica, Estados Unidos, Dinamarca
y España. Más de 70 mil personas han visto
las obras y, además, la reputación del evento
sobresale en Centroamérica.
La cita del 2002
En
el programa figuraron grupos como Teatro La Candelaria,
de Colombia, Teatro Quetzal, de Costa Rica, Teatro Rayuela,
de Guatemala, y Teatro Justo Rufino Garay, de Nicaragua.
Varias de las obras participantes presentaron propuestas
nuevas en teatro. El caso de Jardín de Pulpos,
por parte de Malayerba, que vinieron desde Ecuador, fue
totalmente diferente a lo que el público está
acostumbrado a ver.
Los asistentes debieron mantenerse atentos y concentrados
ante el recorrido de la obra. La historia, muy buena, y
los actores con alta calidad.
La jornada teatral continuó con Voces en el
Umbral, de Rayuela. Impresionó realmente porque
la puesta en escena fue muy auténtica. Efectos sonoros
hechos en el mismo escenario, desnudo justificado y una
conclusión que lo pone a uno a pensar.
Por
El Salvador participó Teatro La Calle. La obra: una
auténtica salvadoreña también. El público
disfrutó mucho con la conversación entre los
militares y sufrió con los hechos narrados. La presentación
de videos de la guerra fue buena opción. Aunque algunos
ya habían visto la obra, pero mezclada con danza.
Los colombianos supieron manejar una propuesta diferente
también. Tener a por lo menos 13 actores en escena
no es cosa fácil. Sin embargo, lograron su objetivo.
El Teatro Quetzal de Costa Rica cambió su obra, pero
esto no restó en lo absoluto la calidad que presentaron.
Y la Dulce compañía de Teatro
Justo Rufino Garay puso punto final al festival.
más años, mejor festival
A
través de los años, el Festival Centroamericano
de Teatro busca abrir espacio a la danza también.
En esta 10a edición participó, por El Salvador,
Humanum Tempore. La propuesta fue excelente, las bailarinas
excepcionales y el montaje muy bien hecho.
Además, el encuentro El Sur en el Centro de
América, enriqueció a aquellos que aman
el teatro y buscan mejores perspectivas.
El mismo Fernando Umaña afirma que ahora se puede
decir que en El Salvador ha habido festival de teatro por
diez años. Eso es de respeto.
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Más
detalles
La celebración fue
corta, pero consistente. Al parecer habrá festival
para rato, pero que llegue a todo El Salvador.
* El día de la inauguración hubo un
retraso de una hora. El público, desesperado,
reclamaba. Fallas técnicas causaron el retraso.
* Fernando Umaña recibió un reconocimiento
por parte de Concultura, por ser el motor del festival.
* El público joven participó activamente
para este año.
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