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uenta
una historia entretenida, aunque no muy original.
Spacey se porta exagerado
Jorge
Cortez
En la década de los setentas, antes de la llegada
de Star Wars, la ciencia ficción
estaba tomando un extraño cariz espiritual,
sin duda acarreado por la aún prevaleciente
ideología hippie. Así se dieron cintas
como la clásica Silent Running.
Ahora, treinta años después y en un
diferente siglo, estoy sospechando que una similar
actitud empieza a manifestarse en algunas facetas
de la ciencia ficción, sólo que ahora
la tendencia es llamada new age, en vez
de hippie.
La nueva película que hace suya esta actitud
es El visitante, y cuenta una historia
entretenida, aunque no muy original: El psiquiatra
Mark Powell recibe la asignación de atender
a un paciente llamado Prot, que asegura ser un extraterrestre
del planeta K-Pax.
Desde luego, las autoridades piensan que Prot está
mentalmente
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perturbado y solicitan que Powell se encargue de
liberarlo de su delirio. Pero el doctor comienza a
dudar sobre la locura de su paciente y empieza a considerar
que no está mintiendo.
Ciertamente, esta historia se ha contado en el pasado,
en ocasiones en forma más eficiente y económica,
pero lo que El visitante tiene a su favor
es la excelente actuación de Jeff Bridges,
quien es uno de los más menospreciados actores
en Hollywood. Su desempeño en el filme es de
lo mejor en su carrera.
Kevin Spacey parece tener una actuación más
exagerada, llena de manerismos inspirados en el trabajo
del actor Brent Spiner, de la serie Star Trek.
Tal vez los hechos del final de la cinta explican
el curioso balance entre sutileza y exageración
que el actor mantiene durante la película,
pero para entonces ya se volvió un personaje
ligeramente irritante.
* Estudiante de Ciencias de la Comunicación
en la Universidad de Guadalajara, México.
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