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Dos dictaduras se proponen como paradigma para el país

Lo que se propone es espantable, un retorno a la barbarie de la época precolonial y la supresión de libertades

Ene 16, 2013- 18:02

De salir electo, el candidato comunista afirma que el mismo día que tomara posesión del cargo el país va a adherirse al Alba y Petrocaribe, le guste o no le guste a la gente y sin consultar a legislaturas, averiguar si ello no contraviene el orden legal, discutir el asunto públicamente o averiguar con conocedores de estos complejos temas si las ventajas son mayores que las desventajas.

El exabrupto se dio después que el candidato externara en Caracas su admiración sin límites por la dictadura cubana y el chavismo, los que a su juicio deben ser paradigmas para América y el mundo. Lo dice cuando ambos regímenes están al borde de una transición, los cubanos soltando las amarras a la gente, que en adelante podrán salir de la Isla sin permiso, mientras es cada vez más incierto el panorama de Venezuela sin Chávez al frente por el cáncer.

No cuesta vaticinar lo que sucedería a El Salvador si los rojos llegaran a triunfar en los venideros comicios: de inmediato se instauraría una dictadura, serían conculcadas las libertades personales, la gente quedaría amordazada, vendrían cacerías de brujas como lo anticipa al solicitarse la derogatoria de la Ley de Amnistía y se desataría el saqueo de los bienes de la gente.

No hay nada en el pasado del candidato y del partido que lo escogió, que represente un apoyo a la democracia, a las libertades fundamentales, a la moral y a la razón, a lo que es decente, constructivo y promueva la convivencia pacifica entre todos los sectores de la población.

Protejamos lo que de civilizado y noble ya tenemos

Alba Petróleos es el paraguas que cubre la estructura de usurpación y despojo con que los rojos irán posesionándose de sectores de la economía y el trabajo, para llegar a controlar las vidas y quehaceres de los salvadoreños. La importación, distribución y venta de gasolina y carburantes está siendo invadida por el consorcio hasta llegar a constituirse en monopolio. De allí a quedarse con la industria del transporte es un paso, lo que a la vez facilita el estrangulamiento de otras actividades; los monopolistas pueden cerrar el abastecimiento de materias primas, bloquear carreteras y pasos fronterizos, obstaculizar exportaciones para favorecer a sus aliados.

Los salvadoreños han sufrido mucho por dictaduras como la martinista, por desastres naturales, por imposiciones externas, por inepcia y voracidad. Pese a ello el país siempre tuvo libertad para expresarse y contó con instituciones que en forma vacilante en ocasiones y por conjuras en otras, funcionaban lo suficiente para mantener un equilibrio de poderes y proteger los reclamos de la gente.

Todo eso está en peligro y se perdería de instaurarse un régimen totalitario como ocurre en Cuba y está pasando en parte en Venezuela. Y a ello se agrega otra señal: que en lugar de que el quehacer político se oriente por el ejemplo de naciones prosperas y tranquilas, por esquemas que están logrando mejorar el nivel de vida y la seguridad de los salvadoreños, lo que se propone es espantable, un retorno a la barbarie de la época precolonial y la supresión de libertades que son el derecho natural de todo ser humano.

La tarea por delante es clara: defender la democracia, proteger lo que de noble y civilizado se tiene en esta tierra.

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