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Cuidar lo que ya se tiene, pero innovar y evolucionar

El cuadro es el mismo en todas las latitudes: cómo demagogos desbordados son electos la primera vez, pero ya sentados en la silla presidencial recurren a toda clase de patrañas para quedarse allí, amañando elecciones o simplemente no celebrándolas.

Feb 07, 2018- 20:29

La reelección presidencial indefinida fue rechazada por los ecuatorianos, cerrándole el paso a las pretensiones de Rafael Correa, cuyo régimen socialista del siglo XXI se caracterizó por la imposición, los ataques contra la libre expresión y el autoritarismo.

Las intenciones de Correa eran claras: volver al poder y reelegirse indefinidamente, como los Castro, Daniel Ortega, Maduro y Evo.

Se trata de otro caso de enfermitos de poder, lo que hace presa de un sustancial número de políticos, pero particularmente de presidentes.

El cuadro es el mismo en todas las latitudes: cómo demagogos desbordados son electos la primera vez, pero ya sentados en la silla presidencial recurren a toda clase de patrañas para quedarse allí, amañando elecciones o simplemente no celebrándolas, como Hitler, Trujillo o Erdogan de Turquía en el presente.

Fue la pretensión de algunos de que Saca le entregara el poder a Funes y luego éste se lo devolviera y así estuvieran sucesivamente, hasta que la Sala de lo Constitucional puso las cosas en orden.

Es muy válido que haya personas que hagan de la política su ocupación de toda la vida, como muchos diputados y alcaldes en el mundo. La política viene a ser una profesión como cualquier otra y en la que militan desde sinvergüenzas y mediocres hasta ocasionalmente estadistas.

Pero una cosa es participar en el juego político donde todos tienen iguales oportunidades, y otra, cargar los dados a su favor, impedir con argucias y actos de fuerza que otros lleguen a ocupar una presidencia o cualquier dignidad estatal.

La dinámica de los tiempos tiene dos caras: por una parte, la experiencia acumulada evita traspiés y sirve de fundamento al progreso; por la otra, la innovación verdadera, constructiva o destructiva, es producto de nuevas generaciones humanas.

Y si bien, a Dios gracias, no hay déspotas inmortales, sí hay grupos ideológicos, sectas, fanatismos que perseveran, un lastre que puede perdurar cientos o miles de años, como el comunismo o la Inquisición quemando vivos a los que consideraba herejes.

Esta evolución se da en todos los campos, desde la física hasta las bellas artes y la literatura, donde escuelas artísticas, academias, imponen reglas y combaten a los disidentes con toda fuerza, sea persiguiéndolos o ignorándolos.

De allí las historias del doloroso calvario de los pintores impresionistas, al punto que muchos de ellos no lograron vender más que unos pocos cuadros en su vida, los que ahora se cotizan en decenas de millones de dólares.

Los ensoberbecidos dictadores creen que todo lo saben

Volvamos a los dictadores: no solo se sufre el problema de sus arbitrariedades y sobre todo del nepotismo que infecta tales regímenes (lo que hemos tratado en una nota reciente), sino el envilecimiento moral de tantos que literalmente se arrastran por todos los suelos para “quedar bien” con los déspotas, lo que incluye traicionar a sus amigos y hasta familiares que se interponen en la cloaca que es su natural vía, como le ocurrió a Belloso, el efemelenista que mató a dos policías antimotines.

Los dictadores, embrutecidos por su propia soberbia, se creen imprescindibles, ungidos por los dioses para conducir rebaños. Y de inmediato imaginan que con el poder les llegó un mar de sabiduría en todos los campos.

Y como parte de todo esto van la censura y las mordazas, como en el caso de Correa, que rompe periódicos en la televisión y las amenazas y coacciones del grupo en el poder aquí.