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El benefactorismo destruye personas, familias y comunidades

Si hay personas no videntes capaces de sostenerse con su esfuerzo, y otras con serias discapacidades que se las arreglan para trabajar, a nadie debe dársele ayudas sustanciales, pues al hacerlo se les quita el incentivo de labrarse por sí mismos su destino.

Feb 06, 2018- 20:19

Cada vez que algún régimen hispanoamericano “se porta mal” de inmediato los Estados Unidos y con frecuencia países europeos o cortan la ayuda, cualquiera que ésta sea, o amenazan con cortarla, lo que equivale a dar palos a la población e, directa o indirectamente fortalecer al desgobierno o dictadura en el poder.

Y la razón es muy simple: en una democracia el corte de la ayuda consigue que un número de votantes reaccione, que algo de luz penetre sus cabezas y castigue a los que mal hacen las cosas; si pillan al alcalde del pueblo echándose dineritos a la bolsa, hay una probabilidad de que lo saquen del cargo.

Pero a los dictadores eso no solo no les importa, sino que les da un pretexto para fingir martirio y endurecer sus posiciones.

El gran pretexto de los castristas para esclavizar a los cubanos es “el embargo estadounidense”; las cosas andan muy mal en Cuba, les dicen a sus siervos cubanos, a causa del embargo. Y aunque nadie se los crea dentro de la Isla, es la gran excusa a nivel internacional.

Las sanciones que se dice aplicarán a El Salvador son un pretexto más para que el grupo en el poder siga en sus patrañas.

Ni Chávez ni su sucesor, Maduro, han sido afectados, sino más bien fortalecidos, con los cortes de la ayuda estadounidense, pues el giro que se dio últimamente, enviar ayuda humanitaria (medicinas, alimentos, etc.) solo sirvió para que los que están al frente de la narcodictadura asumieran el papel de ofendidos.

Y ofendidos, pues a la clase en el poder no le toca comer basura, así que rechazan con dignidad herida tal clase de asistencia.

Fuera de casos lógicos como el de personas incapaces de cuidarse a sí mismas, de niños abandonados, de personas muy ancianas, la ayuda destruye individuos, familias y grupos sociales.

Si hay personas no videntes capaces de sostenerse con su esfuerzo, y otras con serias discapacidades que se las arreglan para trabajar, a nadie debe dársele ayudas sustanciales, pues al hacerlo se les quita el incentivo de labrarse por sí mismos su destino.

Han perdido el sentido de la moral y la decencia

Muchos sostienen que el benefactorismo de Lyndon Johnson con su “gran sociedad” destruyó a los estadounidenses de origen africano, que antes de esos programas se habían labrado, como el resto de inmigrantes al país, su propia esfera de actividades; ellos controlaban artesanías, talleres, orquestas, transportes ferroviarios, servicios del hogar, mucha actividad agrícola.

Pero eso cambió con la asistencia a familias, etcétera.

Como está sucediendo en nuestro país con las decenas de miles de militantes mantenidos por el oficialismo: no hacen nada fuera de participar en griteríos y revolver el país.

Un problema similar se da en varios países europeos con los musulmanes inmigrantes: son una carga social que contribuye poco pero amenaza mucho.

Al caer encima de una gran parte de los recursos económicos del país, los llamados socialistas del Siglo XXI han perdido toda brújula moral, todo sentido de decencia, para arruinar instituciones, caer en un repugnante despotismo, suponer que sus sueños de opio son un futuro de gloria y no la ruina de la Nación.