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Una zona sin impuestos para promover el trabajo

Hay que apoyar la iniciativa del diputado Parker para que ésta pueda implantarse. No creemos que la iniciativa llegue, por ahora, muy lejos, aunque tanto en Honduras como en Irán el esquema se ha adoptado y marcha bien.

Ene 22, 2018- 21:36

Crear zonas de crecimiento económico donde los productores no paguen impuestos, propone el diputado Rodolfo Parker, apoyándose en el éxito que esas áreas de crecimiento tienen en atraer inversión, generar empleo e impulsar el desarrollo.

Hace muchos años el congresista Jack Kemp, quien diseñó el exitoso programa económico de Ronald Reagan, propuso un plan similar para rescatar los núcleos urbanos de grandes ciudades estadounidense, áreas que estaban el plena decadencia, convertidas en “slums” y que en tal condición siguen al día de hoy.

Una igual opción es la política tributaria de Rusia: hay un impuesto único del diecisiete por ciento, que todos pagan, una especie de super-IVA, lo que permitirá a Rusia sobreponerse a la pobreza que data desde la Revolución Bolchevique de 1917 al día de hoy. Y va a sobreponerse porque el motor principal del desarrollo y, por ende, de la erradicación de la pobreza, es la formación de capital de trabajo.

Hay que apoyar la iniciativa del diputado Parker para que ésta pueda implantarse. No creemos que la iniciativa llegue, por ahora, muy lejos, aunque tanto en Honduras como en Irán el esquema se ha adoptado y marcha bien.

En esto de los impuestos hay que tomar en cuenta dos hechos:
– el primero, que los del gobierno no logran entender que impuestos son costos de producción y, por lo mismo, subir los impuestos empuja hacia arriba los precios, deprime la economía y hay menos riqueza y por tanto menos posibilidad de aumentar los ingresos fiscales;

– lo segundo, que los impuestos casi confiscatorios que se pagan en El Salvador son una forma de venganza. Las voces desde lo alto que guían al oficialismo le dicen que debe expropiar a “los ricos”, una manera de satanizarlos. Satanizar precisamente a quienes son clave en la producción de lo que comemos, vestimos, leemos, escuchamos, usamos para transportarnos, para curarnos…

El papel del capital en un país no va a entenderlo quienes quieren, sueñan en caer encima de “los medios de producción”, de fábricas, entidades de servicio, comercios, etcétera, creyendo que van a rellenarse sus barrigas con las ganancias, que todo va a ser prosperidad.

Pero nunca debe olvidarse que donde meten mano los rojos las cosas se desbaratan: las fabriquitas que fundaron en la Segundo Montes en menos de dos años se fundieron; la Lotería Nacional se la acabaron en dos meses.

O como dijo Milton Friedman, si los socialistas del Siglo XXI se hacen cargo del desierto del Sahara, “en poco tiempo habrá escasez de arena y piedras”.

De la guerra viene lo de matar para robar

Tradicionalmente los salvadoreños eran conocidos como emprendedores, responsables y trabajadores, rasgos de carácter que la guerra de los Setenta y Ochenta ha casi destruido. Y las consecuencias son las pandillas, el éxodo de millones a Estados Unidos y otros países y la paralización del desarrollo, lo que nos sitúa a la cola de prácticamente todos los países del Hemisferio.

Lo peor consecuencia de la guerra es haber hecho de la violencia y maldad modos de actuar, lo que va desde matar personas para robarles un celular hasta hacer de las sinvergüenzadas una “viveza”, sinvergüenzadas tales como las perfidias judiciales, destruir evidencias o proteger a corruptos refugiados en Nicaragua o asesinos dentro de cuerpos “de seguridad”.