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Mentir y comer pescado es cosa de mucho cuidado…

En nuestra tierra hay buenos lugares donde comer mariscos y pescado, pero se trate de donde se trate, en Irlanda o La Escalón, le regla fundamental es creer menos en el mesero del restaurante y más en la propia nariz.

Ene 15, 2018- 19:02

Los miembros de la familia real británica tienen prohibido comer mariscos fuera de sus residencias o lugares designados, para evitar envenenamientos o graves indisposiciones.

La sabia regla la aplican muchos, que no comen mariscos fuera de sus casas, donde pueden examinarlos, olerlos y prepararlos debidamente.

De allí lo de “mentir y comer pescado es cosa de cuidado”, pues una ostra o un camarón descompuesto puede llevar a cualquiera a la tumba.

Hay un muy divertido video de mister Bean, el cómico inglés, donde irresponsablemente se engulle unas ostras siguiendo el ejemplo de su vecino en un restaurante para ver, acto seguido, cómo aquel reclama al mesero por las ostras malas.

Es raro no saber de envenenamientos o serias indisposiciones por comer pescado o mariscos no frescos, lo que nos trae a la memoria la tragedia de un estimable farmacéutico y su esposa, el doctor Fernández de la farmacia Latina, ya desaparecida, que llevaron a su única hija a comer camarones a un restaurante chino y la muchachita murió consolándolos por su partida al cielo.

La idea que muchos tienen es que en los puertos o ciudades cercanas al mar siempre se come buen pescado y mariscos, pero tal cosa es falsa. Copenhague, Venecia y La Coruña están frente al mar, pero en muchos restaurantes sirven congelados que en ocasiones están descompuestos.

En tal sentido, uno de los mejores puertos para comer pescado y mariscos pero teniendo siempre el cuidado de buscar los sitios que ofrezcan garantía, es Madrid, llamado por ello “el mejor puerto de España”.
Y allí están La Trainera, El Pescador, el Barril…

Los suecos y hablando de pescado podrido, tienen una especialidad, el “gravlachs”, que consiste en enterrar salmón en la fría tierra, desenterrarlo un tiempo más tarde y comerlo. “Grav” es como “grave”, sepultura en inglés, lo que asemeja a los “huevos de cien años” de los chinos, huevos que entierran por unos años y que son una de las grandes exquisiteces del globo.

Para estar del lado seguro nada de “risotto ai frutti di mare” a menos que se esté en lugares muy confiables donde también, la nueva moda en Italia, pueden comerse mariscos crudos, totalmente crudos como en el Japón.

Muchos lindos recuerdos nos trae la trucha de Schubert

En nuestra tierra hay buenos lugares donde comer mariscos y pescado, pero se trate de donde se trate, en Irlanda o La Escalón, le regla fundamental es creer menos en el mesero del restaurante y más en la propia nariz, lo que puede enseñarse a los niños: oler antes de comer.

Hay olfatos privilegiados, que pueden sentir de un extremo del restaurante cuando un pescado en el otro extremo tiene más tiempo fuera del agua de lo debido.

Hace muchos años, en el mes de julio y cruzando Austria, quien esto escribe y en compañía de don Napoleón, se encontraron en medio de una nevada, en el Gross Glockner, la montaña más alta de Austria. Buscaron un hotel, se arreglaron y bajaron al comedor.
– “¿Cuál es su especialidad?”
– “¡La trucha!”
– “¡Pues queremos trucha!”
-“Por favor, me acompañan”- y se nos llevó a un enorme tanque lleno de alegres y vivas truchas.

Don Napoleón no tuvo valor de escoger una trucha viva y enviarla a la sartén, lo que se nos viene a la memoria cada vez que oímos “La Trucha” de Schubert…