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Elegir magistrados por votación masiva, la nueva amenaza

En un primer momento caería en una cruda politización del Órgano Judicial y luego a su extinción, pues terminaría el partido nombrando a los que funjan en tal o cual función, como en Cuba.

Ene 08, 2018- 20:30

La “gran apuesta” de los efemelenistas es la reforma constitucional, cambiar el esquema que nos une a las grandes democracias del mundo y reemplazarlo por una dictadura totalitaria que dividiría a la sociedad entre los privilegiados y los siervos.

Pero eso pone en manos de la gente el derecho a la insurrección, defender lo esencial de un orden de leyes que protege a todos y se ocupa de que no existan privilegios como los que está imponiendo por la fuerza el gobierno actual.

La propuesta encaja con una previa ocurrencia, la de celebrar permanentemente “acuerdos de paz” hasta que llegue el punto en que de tanto acarrear agua del pozo, el cántaro se rompa, cuando se apoderen de todas las entidades en un país que para ese momento estará al borde de una hambruna.

Literalmente la extrema izquierda quieren inventar “nuevas justicias”, derrumbar lo que se ha decantado a lo largo de milenios y es el sostén esencial de la civilización. Entre la hojarasca de desaguisados hay uno que resplandece: elegir “por voto popular” a los magistrados de las distintas entidades del sistema de aplicación de justicia, lo que en un primer momento caería en una cruda politización del Órgano Judicial y luego a su extinción, pues terminaría el partido nombrando a los que funjan en tal o cual función, como en Cuba.

Ya pueden imaginar los abogados del país estar argumentando con sanos y razonados argumentos ante “magistrados” electos por voto popular y cuya lealtad no será hacia el derecho, la justicia o la razón, sino al partido que lo postuló y lo llevó al cargo, como sucede en Nicaragua donde los fallos de los tribunales son consultados con Ortega.

La extrema izquierda ni entiende ni acepta una realidad humana esencial, cual es la existencia de jerarquías en todos los órdenes de la vida humana. Como “todos somos iguales” es igual el desquiciado que daba fuego a beneficios de café que el profesional que por puro esfuerzo personal y capacidad logra una comprensión y conocimiento del derecho muy por encima de la mayoría de sus coetáneos. Y de allí que nombren a choferes en puestos de decisiva importancia o iletrados en puestos para intelectuales.

“Como todos somos iguales”, Mozart se equipara al mariachi

Tomen nota los abogados, jueces, litigantes, defensores, magistrados, secretarios de juzgados de lo que les espera (que los borren como profesionales) en un régimen como el que proponen imponer los del actual grupo en el poder.

En las artes, en la esfera intelectual, ese disparate de elegir magistrados “por voto popular” se estrella y deja únicamente la opción de perseguir a los creadores que no se ciñen a los cánones oficiales; tal cosa sucedió tanto en la Alemania Nazi como en la Unión Soviética: en ambos estados socialistas el pintor o el músico que no ciñera a las directrices oficiales, corría riesgo de ser encarcelado o asesinado. El hijo del gran compositor ruso Dimitri Shostakovich narra las presiones y acoso al que sometían a su padre para que este compusiera música “soviética”, lo que le llevó a escribir sinfonías dedicadas a los obreros que cumplían con sus cuotas de producción y cosas por el estilo.

En cuanto a los pintores, los que no se ceñían al “realismo socialista” tenían prohibición de pintar, pues les catalogaban de “degenerados”, como los nazis a Emil Nolde…