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Los partidos opositores del país, opositores a la barbarie

La postura debe ser la de “aunque seamos rivales, con los totalitarismos no puede haber entendimiento alguno, pues no se trata de ideologías o partidos antagónicos, sino de fanáticos cerrados a cualquier entendimiento”.

Nov 21, 2017- 19:57

Los miembros de los partidos de oposición al desastre deben estar claros de que su enemigo no es un correligionario que disputa su candidatura, sino los que están llevando El Salvador a la Edad de Piedra. Los partidos de oposición son:

—la oposición a la corruptela;
—la oposición a la incapacidad;
—la oposición a la colosal ineficiencia de los servicios públicos;
—oposición al estado ruinoso de las escuelas y de la enseñanza, que se quiere dirigir a lavar cerebros y no a educar;
— oposición al pésimo servicio de agua;
—oposición al estado de calles y carreteras, destrozadas por los exabruptos del viceministerio de Transporte;
—oposición a los estrechos vínculos con la narcodictadura venezolana;
—oposición a las maniobras para perseguir y hacer escándalos con los corruptos y presuntos enriquecidos ligados a la derecha pero hacerse del ojo pacho con los de la izquierda gobernante.

Es válido y muy importante que los candidatos defiendan sus posiciones, debatan problemas, se esfuercen por atraer correligionarios o lograr que votantes de otros partidos a este lado de la decencia se unan a sus candidaturas. Pero de eso a descalificaciones groseras, sarcasmos, golpes por la espalda, hay un gran trecho. Y ese es el límite que no se debe sobrepasar.

La postura debe ser la de “aunque seamos rivales, con los totalitarismos no puede haber entendimiento alguno, pues no se trata de ideologías o partidos antagónicos, sino de fanáticos cerrados a cualquier entendimiento”.

Falta que los partidos democráticos, oposición a la locura, puntualicen los graves problemas nacionales y adelanten las posturas de cada candidato, inclusive de los partidos como tales.

El problema más grave que enfrentamos todos los salvadoreños es la pérdida de control de grandes zonas del país, en poder de pandillas criminales, lo que a su vez se traduce en asesinatos de personas cuya desgracia fue estar en el momento equivocada en el lugar equivocado. Casi rutinariamente las pandillas asesinan a quienes por cualquier motivo se meten en esos lugares infernales, desde personal de salud, distribuidores de productos, inspectores, agentes de policía.

¿Por qué no apostar por el bienestar,
apostar por democracia y prosperidad?

La principal oposición debe ser a que el país se considere la hacienda particular de los socialistas del Siglo XXI, que sus instituciones, ingresos, cargos públicos, tribunales, etcétera, están allí para servirles, servirles a ellos y a los más de cuarenta mil mantenidos por el erario.

La tragedia es que la extrema izquierda no abandona sus sueños de opio y en vez de apostar por la civilización, la prosperidad, las libertades de la población; su meta es la sociedad esclavista, de un grupo minúsculo de jerarcas y la masa de pobladores sirviéndoles, es lo que anhelan alcanzar.

¿Por qué no aspirar a la prosperidad, la alegría, las libertades humanas, el color y no lo gris? No en balde el cardenal hondureño Rodríguez Maradiaga dijo que el comunismo era el capitalismo de unos pocos ladrones. Es lo que el mundo presencia en Cuba y en Venezuela, países que están en muy inferiores condiciones de Haití, la nación pobre pero no hambrienta.

Ese es el enemigo común de todos los políticos y todos los partidos “opositores” pero opositores a la barbarie y a las cavernas.