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Si los ingenieros son incapaces, las construcciones se derrumban

En la situación por la que pasa el país hay un grave factor adicional: los nombramientos que corresponden a técnicos se otorgan a activistas políticos

Nov 04, 2014- 17:00

Nadie se mete a diseñar y construir un edificio de muchos niveles y dimensiones sin ser versado en arquitectura, contar con ingenieros estructurales, construir cumpliendo normas, comprobar la resistencia de los suelos, usar materiales certificados, efectuar revisiones y pruebas… un mal diseño, un defectuoso cálculo, el uso de materiales de baja calidad, descuidos en los colados de concreto pueden llevar a que el conjunto colapse y mate a sus ocupantes.

Y no cumplir con normas y menos supervisar con todo celo son las causas de que las edificaciones de gobierno duren de terremoto a terremoto. Con cada nuevo sismo hay que reparar a profundidad o simplemente abandonar un edificio y comenzar de nuevo.

La administración, sea pública o privada, es una disciplina, mezcla de ciencia, arte y experiencia, que requiere mucho estudio, capacidad y responsabilidad para ejercerse, no campo de improvisados o ignorantes.

Hay profesionales de la administración, tanto pública como privada, como asimismo administradores que se especializan en actividades agrarias, hotelería, fabricación de componentes electrónicos, hospitales, servicios de transporte… y son numerosas las escuelas, universidades y centros que educan, adiestran, preparan y gradúan personas para que ejerzan de administradores en todo imaginable quehacer humano.

En un primer nivel se gradúan los administradores, para que luego muchos de ellos avancen a maestrías especializadas y doctorados.

Lo usual es que un joven graduado trabaje en una empresa para adquirir experiencia y conocimiento del mundo real, y luego vuelva a la universidad a completar una maestría o lo haga a distancia.

Y es la carencia de personal calificado, de administradores capacitados para manejar y dirigir entidades y sectores de la administración pública, que se ha caído en el desorden, despilfarro de recursos y pésimos servicios que caracteriza la gestión estatal desde que asumió el gobierno el previo régimen.

Un ejemplo es lo que sucede en Salud Pública, a causa de los pobres a la cabeza que no logran dar pie en bola, que van de error en error, de ocurrencia en ocurrencia, que no les cuadran los presupuestos, que no dan mantenimiento a equipos y estructuras, que no consiguen sistematizar la atención a los pacientes ni reducir los tiempos de espera que hay para todo.

Ser nombrado en un cargo oficial no concede sabiduría instantánea

La cosa no es sólo de soplar y hacer botellas, como tampoco el que alguien sea nombrado en un puesto ministerial y, de la noche a la mañana, por obra de un milagro se convierte en un sabio y eficiente administrador, que no necesita ni asesoría ni consejos de nadie.

En la situación por la que pasa el país hay un grave factor adicional: los nombramientos que corresponden a técnicos se otorgan a activistas políticos, que meten mano en dirigir y manejar sumidos en el limbo de los ignorantes. Y por eso es que, como decimos, los presupuestos no alcanzan para cerrar el año y los servicios van de mal en peor.

Nadie que pueda pensar y piense con sensatez va a poner en manos de inexpertos la intervención quirúrgica de un pariente cercano; en lo posible recurre a profesionales capaces con larga trayectoria.

Pero eso es lo contrario de lo que sucede en instituciones y entidades estatales: se entregan a personas sin capacidades ni experiencia, por el solo hecho de ser militantes del partido.

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