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El régimen dejará a un país destartalado y corrompido

Lo que no entienden los nuevos ricos de la clase política a quienes el bienestar les cayó encima, es que lo tomaron de los presupuestos públicos, no fue ganado con su esfuerzo

Ago 07, 2013- 18:02

“El cambio” está dejando al país en bancarrota, sin moral, corrompido y violento. Dados los pocos recursos de que se dispone, los cuales deben distribuirse con sensatez –abandonar programas demagógicos como “Ciudad Mujer”, o la cruzada contra las cachiporristas (¿La recuerdan?)– se requiere de inventiva, de poner los pies en tierra, de ensayar mucho y corregir mucho, para salir adelante.

El régimen por finalizar va a entregar un país destartalado, peor al que encontró, lo que obliga a la gente que trabaja y a la gente que piensa no sólo emprender la dura tarea de recomponer, moralizar, levantar y reconstruir, sino también labrar un futuro para sus niños y jóvenes.

Al respecto de esto último, lo primero es abandonar objetivos altisonantes pero irrealizables: que todos los niños vayan uniformados, coman en las escuelas, tengan canchas y material didáctico… lo irreal es “todos”; lo alcanzable es enseñar a un suficiente número de niños para que estos, a su vez y con su ejemplo, adiestren o ayuden a subir al resto, como el maestro albañil y el buen diseñador hacen escuela con su trabajo y su ejemplo.

Lo segundo es involucrar a las comunidades con la enseñanza y el propicio ambiente para aprender. Fue un grave error haber suprimido de golpe, sin análisis pero con hígado, el programa EDUCO, ganador de premios y muy lógico en sus objetivos.

Se destruyó lo bueno por lo malo de querer regimentar y controlar al magisterio con finalidades de adoctrinamiento y de “lucha”, hacerlos depender de lo que un grupo en control, los comunistas, decidiera sobre sus asignaciones, promociones y traslados.

Sólo involucrando a las comunidades es que las más duras carencias y dificultades, como las de esas escuelas sin techo o con servicios ruinosos, pueden mitigarse vía trabajo y recursos donados por los padres de familia. “Al final del día” la gente va a darse cuenta de que Dios ayuda a quienes se ayudan a sí mismos y que la mejor plegaria es la que se eleva mientras se está dando con el mazo, haciendo cosas buenas.

Los modelos por seguir son campos de concentración rojos

Es importante, para el bienestar mental de la gente en nuestro país, revertir el perjuicio causado con los repartos, la gran pensada del régimen.

Cuando la población se acostumbra a esperar que le den cosas sin ganarlas, como con las remesas, pierden los incentivos para superarse, inclusive hasta para trabajar. Lo que pretende el régimen, perpetuar por ley esos programas “sociales”, hará de los salvadoreños, a muy corto plazo, la gente más perezosa de la región, como se advierte en varias zonas donde se cultiva y cosecha con mano de obra hondureña y nicaragüense.

No hay fórmulas mágicas para el desarrollo, aunque las hay simples, claras: trabajo, ideas, perseverancia, eficiencia, responsabilidad, ahorro, frugalidad, fe y cariño en lo que se hace.

Lo que no entienden los nuevos ricos de la clase política a quienes el bienestar les cayó encima, es que lo tomaron de los presupuestos públicos, no fue ganado con su esfuerzo.

Los modelos que inspiran a los rojos son el cubano, el venezolano y, de seguro, el de Corea del Norte, países regimentados que poco tienen que ofrecer a sus jóvenes, fuera de vida en cuarteles, lavados de cerebro, ciega obediencia a sus superiores, nada de música, humor y alegría.

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