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Con el fallo las farmacias pueden atender pacientes

La ley no puede restringir el ejercicio profesional de médicos, paramédicos y enfermeras en los lugares que estén preparados para ello, como es el caso de las clínicas o pequeños consultorios adjuntos a farmacias

Mar 25, 2013- 18:02

No quieren que la gente compare lo deficiente del sistema público con lo que ofrece el privado y por ese motivo es que la coalición roja prohibió que la gente pudiera consultar médicos en las farmacias.

Por ahora, gracias a que la Corte Suprema admitió un recurso, las farmacias podrán ofrecer de nuevo los servicios y consultas médicas de profesionales, una importantísima alternativa para la población, que sufre de la destartalada red de clínicas y hospitales de Salud Pública.

En el recurso se expone lo obvio: que la ley no puede restringir el ejercicio profesional de médicos, paramédicos y enfermeras en los lugares que estén preparados para ello, como es el caso de las clínicas o pequeños consultorios adjuntos a farmacias o inclusive, como en Estados Unidos, en centros de mercadeo.

En casi todos los establecimientos privados de esta naturaleza, hay más orden, más limpieza y mejor atención que en los públicos, con la ventaja adicional para los que sufren dolencias, que no deben pasar horas esperando a que los reciban y atiendan.

A su vez, los médicos refieren a hospitales públicos o a clínicas privadas los casos más complejos o que requieran ser internados.

A esto se agrega un factor de gran importancia: los enfermos o los que buscan ayuda médica lo hacen en su carácter individual, de manera voluntaria y, además, buscan los sitios que tienen buena reputación. En el campo privado no hay monopolios que obliguen a nadie, a diferencia del sistema público que no permite alternativas. La consulta es rápida, hay un trato directo del paciente o sus familiares con los facultativos, pueden volver al mismo médico y también tienen derecho a reclamar sin que les hagan el feo.

Están donde están por militancia, no por mérito alguno

Es claro que la mayoría de médicos, paramédicos, enfermeras y asistentes, tanto de los hospitales públicos como de las clínicas privadas, se interesan por sus pacientes, hacen lo que esté a su alcance para diagnosticar bien y atender bien, toman interés, y les duele cuando no pueden ayudar.

El problema no es que los médicos privados hagan bien lo que les corresponde mientras los del sistema público lo hacen mal. El problema es la poca capacidad de quienes dirigen y administran los servicios públicos, desde los titulares de Salud hasta los de abajo, que están donde están, no por méritos, sino por enchufes, por su militancia en el partido oficial, por su gran sensiblería revolucionaria, por su devoción hacia los Castro y los “bolivarianos”.

Pero una cosa es tener un historial de décadas tomando parte en marchas, huelgas, griteríos y vandalismo y otra, es saber administrar con prudencia los recursos a mano, llevar controles de lo que se hace y se deja de hacer, recorrer hospitales para descubrir fallas, estar en comunicación positiva con fabricantes y distribuidores de medicamentos.

El problema que padece el sistema público, o más bien debe hablarse del sistema politizado, se puso de manifiesto con las huelgas y protestas de los médicos y del personal del Hospital Zacamil, que se quejan del abandono en que están por culpa del desinterés de la alta burocracia del régimen.

La raíz del mal es que los responsables del sistema no llegan para ver, in situ, lo que ocurre y corregir deficiencias, sino que se la pasan regañando al personal.

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