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No funcionan las pensiones si otros se embolsan el dinero

La gente tiene derecho de saber cómo se gastan los presupuestos, cuáles son las asignaciones de las partidas que se asignan a Capres y quién fiscaliza el uso de esos recursos

Feb 06, 2013- 18:02

De cada diez dólares que un empleado o trabajador ahorra en las AFP para su retiro, el gobierno se embolsa más del sesenta por ciento, sea usando el dinero para “pagar pensiones”, sea pagando intereses risibles por los bonos estatales que las AFP están obligadas a comprar.

El lema es “tú ahorras, nosotros gastamos”.

Al mismo tiempo que se declara que dentro de pocos años no habrá recursos para pagar a todos los pensionados lo que les corresponde, el público contempla los despilfarros y la mala administración de los presupuestos. En esto también hay que incluir asuntos de menor cuantía, como los regalos que la directiva de la Asamblea hizo a diputados y personajes cuyos nombres no se conocen, argumentando que es información “confidencial”.

En ningún país desarrollado queda a criterio de funcionarios decidir lo que “es reservado” o no lo es del gasto de presupuestos públicos, excepción hecha de lo atañero a la defensa nacional o a investigaciones en proceso.

La gente tiene derecho de saber cómo se gastan los presupuestos, cuáles son las asignaciones de las partidas que se asignan a Capres y quién fiscaliza el uso de esos recursos. Tiene el derecho a saberlo porque son fondos que provienen de los impuestos que pagan y, lo que es más grave, de los ahorros que hacen para su eventual jubilación.

Es evidente que con el uso de los fondos de pensiones iniciado en la previa presidencia, no hay manera de que se puedan saldar los compromisos que se van acumulando año con año, tanto con los asegurados de las AFP como con los del Seguro Social. Lo que se debe hacer, se nos dice, es una reforma del sistema pero sin reinventar la pólvora, ya que en la mayoría de países el mismo problema está siendo encarado a raíz de la bancarrota en que están cayendo los sistemas previsionales.

El desastre es consecuencia de lo que “las izquierdas modernas” implantaron en Europa y Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, lo que funcionó por un tiempo mientras la población era joven, pero que ahora aritméticamente no opera.

El trabajo es el mejor antídoto contra los males de la senectud…

Hay tres medidas imprescindibles para que el sistema no termine colapsando, a saber:

— la primera, pagar a los fondos de pensiones las tasas de mercado por los bonos que están forzados a comprar. El monto de los intereses que ahora se pagan es equivalente a lo que antes se llamaba “robo”;

— la segunda, abrir el campo de inversiones a los fondos como se diseñó al principio: el plan, aplicado en Chile entre otros países, es que con esos fondos se desarrollen obras rentables de largo plazo, como urbanizaciones, represas eléctricas, minería, etc.

Ahora los proyectos son de corto plazo: regalar corbatas, sufragar gastos de misiones suntuarias, subir salarios…;

—la tercera, como se plantea en Italia, es elevar la edad de jubilación. Inclusive varios gobiernos han llegado a la casi inevitable conclusión de que la mayoría tendrá que trabajar toda su vida lo que, por cierto, contribuirá a que los viejos se mantengan más saludables y claros de sus cabezas.

Pero elevar la edad de retiro es anatema para los rojos, que se oponen por ser un punto de “honor, “honor” de períodos pre-electorales pero que nunca se recuerda a la hora de los despilfarros.

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