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22 días para pensar y decidir

Por María Alicia de López Andreu*

Feb 09, 2018- 22:24

Anteriormente recomendé la lectura de “El Presidente, Manual para Electores y Elegidos”, de Carlos Alberto Montaner. Y, dado que dentro de 22 días elegiremos concejos y diputados, desearía que muchos salvadoreños, leyéndolo, tomáramos nota de recomendaciones importantes.

Por ejemplo, la descripción y requerimientos que, en 2 páginas, nos da sobre el Poder Legislativo. Porque, según las encuestas recientes, pareciera que, a pesar de los esfuerzos que personas e instituciones de prestigio realizan para inculcarnos nuestra grave responsabilidad para elegir a los mejores legisladores, aún reina la apatía, pretextando desencanto con la clase política y evadiendo nuestro deber, para así continuar echando la culpa a otros por nuestra situación nacional.

Según Montaner, un buen Parlamento se construye, preferiblemente, con un cuerpo representativo PEQUEÑO (ojo), para que fluyan los acuerdos. Segundo, se requiere filtrar a los diputados tanto por su formación académica como por su conducta cívica. “No debe ser candidato una persona convicta de delitos”, dice. Y, aunque esto es algo que debería resultar impensable, la verdad es que sucede, para vergüenza de la Asamblea y maleficio para todo nuestro país. Porque si alguien es exonerado porque llegó a un acuerdo con el Estado o con su víctima, eso demuestra que el delito se cometió, pero la pena no se aplicó. Hemos visto algunos casos, ¿verdad?

Sin embargo, esos individuos participaron como candidatos y ¡oh, vergüenza!, fueron elegidos por los votantes. Entonces, ¿cómo aspiramos a una Asamblea Legislativa ejemplar? Y ¿de qué se quejan quienes no votan, cuya ausencia contribuye a que eso suceda?

Como tercer punto Montaner señala que es necesario un reglamento que permita la aprobación o la abolición de leyes con cierta celeridad, evitando así el “filibusterismo” (que lo entiendo como la tiranía de la aritmética famosa) e impidiendo la obstrucción sistemática, mal que también ya hemos vivido. Y él pregunta: ¿deben responder los legisladores a los electores o a la disciplina del partido? A juicio de Montaner (coincido totalmente), lo razonable es que el legislador vote de acuerdo con su leal saber y entender. De allí que sea indispensable elegir a personas inteligentes, con sentido común y con una buena estructura moral.

Por todo lo anterior, analicemos muy bien a quiénes daremos nuestro voto, tanto para diputados como para alcaldes y concejales. No esperemos perfección, pero sí que tengan las virtudes que las inmensas responsabilidades de su cargo requieren: prudencia, autoridad moral, seriedad en la toma de decisiones, don de gentes, cultura, preparación no solamente profesional, sino práctica. Que sean compasivos, pero no populistas; que sean laboriosos y amen el trabajo, que practiquen la virtud de la paciencia, que dignifiquen su cargo mediante su conducta, sus decisiones y sus acciones. Elijamos a personas templadas, frugales, sin exhibicionismos ni egolatrías, de una sola pieza, sin dobleces; personas reales, no figuritas plásticas. Y, cuando tengamos la oportunidad de verles en alguna entrevista, observemos si tienen sentido del humor; pareciera un tema pueril, pero no lo es. Por supuesto que nunca deberíamos elegir a quien se presente haciendo payasadas. Pero una persona con la autoridad y responsabilidad que los cargos de elección popular conllevan, debe saber manejar las situaciones desagradables con sentido del humor, sin ofensas ni evasivas.

Y, lo imprescindible: que amen verdaderamente a nuestro país.

Que el Divino Salvador del Mundo nos ilumine y sepamos elegir correctamente.

* Columnista de El Diario de Hoy