×

Síguenos en

Las elecciones en Costa Rica

Por Luis Mario Rodríguez*

Feb 07, 2018- 19:52

Costa Rica ingresó a la lista de países en los que el desagrado de los ciudadanos con la clase política “tradicional” podría afectar seriamente la gobernabilidad democrática. La fragmentación de su sistema de partidos, que desde siempre gozó de buena salud al tratarse de una de las democracias más antiguas del Continente, mostró los primeros síntomas de deterioro entre 1998 y 2002, se intensificó durante el período 2002 – 2006 hasta alcanzar un nivel sin precedentes entre 2014 y 2018. Algunos atribuyen el origen del declive al procesamiento penal y posterior absolución de los expresidentes Rafael Ángel Calderón Fournier y Miguel Ángel Rodríguez.

El nivel educativo y la cultura política de los costarricenses, muy superior al del resto de sus vecinos del Istmo, los convierte en una sociedad bastante crítica con sus gobernantes. Esa cualidad, admirable desde todo punto de vista pero compleja respecto del funcionamiento del sistema político, trajo como consecuencia el fraccionamiento de la Asamblea Legislativa. De 1949 a 2006 el promedio de partidos en el Congreso fue de cuatro y pasó a once en 2014 entre los que se reparten los 57 diputados.

Esta aritmética impidió acuerdos en áreas tan sensibles como la del control de la deuda pública. La calificadora de riesgo Moody´s “mantiene una perspectiva negativa para Costa Rica, lo cual refleja la opinión que la falta de consenso político para adoptar medidas que reducen el déficit podría generar una presión adicional y erosionar la fortaleza fiscal. En ausencia de compromiso político para controlar los déficits presupuestarios, Costa Rica se colocará en una ruta fiscal insostenible”.

No obstante lo anterior, los problemas que encaran los partidos no han contaminado su sistema electoral. El domingo “los ticos” fueron a las urnas. No hubo denuncias de una organización deficiente de las elecciones ni mucho menos indicios de fraude. Gerardo de Icaza, actual secretario interino para el fortalecimiento de la democracia en OEA y hasta hace pocos días director del departamento de observación electoral del mismo organismo, informaba desde su cuenta de Twitter que a las diez de la noche del día de la votación se tenían resultados transparentes: se respetó a la autoridad electoral, no hubo autoproclamaciones y los candidatos no favorecidos ofrecieron trabajar por el país. “En resumen… Democracia”.

En realidad el desplome de la estabilidad política no proviene de la desconfianza en las elecciones ni del desgaste de la instancia obligada por ley a administrar el proceso. Tiene que ver más bien, como ya se dijo, con la erosión de la esperanza y la certidumbre de la gente en la oferta electoral. No les convencen ni los candidatos y resienten el incumplimiento de las promesas de campaña.

Este déficit posicionó durante varios meses a la cabeza de las encuestas al abogado Juan Diego Castro. El aspirante amenazó con hacer desaparecer al periódico La Nación durante el primer año de un eventual gobierno suyo. También se expresó de manera despectiva de varias juezas y magistradas. Del populismo extremo saltaron a las posturas religiosas. Fabricio Alvarado, de Restauración Nacional, un partido conservador con un solo diputado en la Asamblea, el mismo candidato Alvarado, alcanzó el mayor porcentaje de votos en la primera vuelta. Con la defensa del matrimonio entre un hombre y una mujer y la amenaza de retirar a Costa Rica del sistema interamericano de derechos humanos, que recientemente validó los matrimonios de personas del mismo sexo, un porcentaje importante de votantes optaron por la protección de la familia tradicional.

El dilema no está relacionado con el “shock religioso” que de acuerdo a los analistas puso a Alvarado a las puertas de la presidencia. El asunto se vincula con los riesgos que genera la llegada de presidentes sin probada experiencia en la función pública. Este es el verdadero peligro porque las posibilidades de un mal gobierno se acentúan. El fenómeno no es exclusivo de Costa Rica y el desafío se presenta para América Latina entera. Cuando los debates se concentran en un solo aspecto, por muy relevante que sea, se descuidan otros asociados a la capacidad de gobernar.

* Columnista de El Diario de Hoy.