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¿Hacia un cambio de rumbo?

Por Federico Hernández Aguilar

Feb 05, 2018- 21:53

Todas las encuestas serias están apuntando a la necesidad de un cambio de rumbo en el país. Pocos salvadoreños perciben que la situación en general haya mejorado en los últimos años y la gran mayoría señala a la actual administración como la principal responsable de esta dura realidad. El gobierno obtiene calificaciones históricamente bajas, por lo que es bastante lógico que la oposición política se encuentre mejor posicionada para ganar más diputados en la próxima legislatura.

Lo anterior no significa, ni por asomo, que los resultados de los comicios estén ya decididos. A estas alturas, de hecho, con el pésimo desempeño del FMLN a la cabeza del Órgano Ejecutivo, sus adversarios políticos deberían encontrarse a años luz de ventaja. Los números, sin embargo, aparte de exhibir el enorme descontento existente, todavía no muestran con contundencia que la desilusión vaya a ser capitalizada por ARENA o por otro partido.

Es posible que la credibilidad de quienes podrían protagonizar la alternancia apenas esté consolidándose. También es factible que la densa nube de escepticismo que envuelve a la clase política esté pasando su factura antes de tiempo, en una especie de llamado de atención oportuno. Lo más realista, en todo caso, es evitar que las cifras favorables, inestables por naturaleza, mareen a nadie.

Uno de los estados mentales que la oposición debe aprender a conjurar es el triunfalismo. Encuestas que perjudicaban al oficialismo ya las hemos tenido antes y aun así nos ha tocado aguantar una segunda gestión del FMLN, cuyos efectos se han sido devastadores en casi todas las áreas.

Alegrarse por cuatro o cinco puntos de ventaja es casi tan nocivo como el derrotismo. El que la gente perciba la incapacidad instalada en el gobierno es solo una parte de lo que debe ocurrir para garantizar el relevo. La otra parte es la que sigue sin aparecer en las encuestas, es decir, esa habilidad de la oposición para dirigir un decisivo entusiasmo electoral hacia sus iniciativas, plataformas y liderazgos. Plantear que el desgaste sufrido por el oficialismo es suficiente para sacarlo del poder es apoltronarse en una ficción.

Ya se ha señalado la vocación antidemocrática del FMLN y es evidente que la población observa con inquietud su peligroso alineamiento con los regímenes de Venezuela o Cuba. ¿Quién en su sano juicio querría algo así en El Salvador? Pero la organización de su voto fiel, en el caso del oficialismo, es una ventaja competitiva que las encuestas podrían no estar detectando, versus la dispersión y fragmentación del voto opositor, que necesitaría una mayor cohesión para evitar que el fanatismo o la mera lealtad partidaria pesen más que el buen criterio de los ciudadanos.

Por eso es que votar el próximo 4 de marzo es un deber histórico para quienes deseamos evitar que el país se siga hundiendo. En cuanto a la oposición política, los próximos comicios le plantean retos impostergables. Para empezar, sus candidatos a diputados deben articular una estrategia que no confunda al votante. En la búsqueda legítima de la diferenciación, los mensajes personales tendrían que conducir al elector a ver la alternativa opositora como un equipo sólido y competente, que avanza hacia más democracia, honestidad y legalidad. Los diversos miembros, considerados individualmente, conformarían ese solo cuerpo, sin apelar a la rebeldía disgregadora.

Un ejemplo del respeto a estos grandes principios aglutinadores sería la apuesta total de la oposición, como bloque, a la integración de una Sala de lo Constitucional que se mantenga independiente de los partidos políticos y de los demás órganos del Estado. Ante un adversario antidemocrático, garantizar más democracia no debería ser un problema. Otros frentes cohesionadores son la lucha contra la inseguridad y la corrupción, así como el manejo responsable de los recursos públicos destinados a salud y educación. Es imperativo conectar con estas aspiraciones tan defraudadas, y hacerlo, además, sin populismo.

 

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.