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Comenzando a caerse

Al gobierno le ha entrado y todavía le entra el dinero a borbollones desde que el FMLN está en el poder y, de una situación fiscal muy razonablemente buena cuando tomó la presidencia en 2009 ha pasado a una en la que no le alcanza el dinero para nada.

Por Manuel Hinds*

Feb 16, 2017- 18:22

En varias ocasiones he descrito el problema fiscal del gobierno del FMLN como una gotera que, si no se repara, puede botar el techo. Lo he descrito como una gotera porque, vista en sus números fríos, la famosa crisis no sería crisis si el gobierno fuera manejado por personas competentes y responsables. Al gobierno le ha entrado y todavía le entra el dinero a borbollones desde que el FMLN está en el poder y, de una situación fiscal muy razonablemente buena cuando tomó la presidencia en 2009 ha pasado a una en la que no le alcanza el dinero para nada. 

La he descrito como una gotera que puede botar el techo porque no hay fortaleza que resista el impacto sostenido de la negligencia, el desorden y el desperdicio desaforado con los que el FMLN maneja las finanzas públicas y el gobierno en general. Es claro que en este ambiente, en algún momento el agua va a corroer una viga, o a romper una columna, o a erosionar una fundación. Hasta este momento la situación de impago del gobierno había afectado a los proveedores y a los usuarios de los servicios públicos, que cada vez carecen más de materiales, y que cada vez son peores, pero este impacto había sido difuso. El dinero no llegaba a las escuelas y tampoco a los hospitales y unidades de salud, y la gente sufría esto pero como individuos. La gente estaba sufriendo, pero el gobierno podía pretender que todo funcionaba. 

Pero el miércoles se supo que la negligencia del gobierno había cruzado otra línea, una en que los efectos de cruzarla se sentirán en conjunto y simultáneamente por toda la población: debido a la enorme y vieja mora del gobierno del FMLN, las empresas guatemaltecas que exportan energía a El Salvador han decidido ya no venderle electricidad al país. Este es el comienzo de un proceso de descalabro de la oferta de electricidad que si no es prontamente corregido llevará a escasez de electricidad, mayores costos, racionamientos y un colapso en la producción del país. El costo de una escasez de electricidad no solo es el foco que no se encendió o la comida que se pudrió en la refrigeradora sino también el tiempo perdido en la operación de maquinaria y las consecuentes pérdidas en salarios y producción.
 
El FMLN toma estos problemas con la misma falta de interés que ha mostrado en to-das sus tareas de gobierno. En realidad, llegar a escaseces y racionamiento no es una novedad para los gobiernos marxistas. En Cuba todo es racionado y en Venezuela ya casi todo, lo cual es muy bienvenido para los partidos hermanos del FMLN en esos países. El racionamiento les presenta la oportunidad de darles electricidad a unos sí y a otros no, haciendo que la gente vaya dependiendo más de estar bien con los del gobierno y el partido para sobrevivir. Les ayuda a apretar la soga en el cuello de la población. 

El racionamiento, obviamente, tendría un costo político para el FMLN pero, segura-mente, si llegamos a los apagones, el gobierno primero le restará importancia al hecho (diciendo, por ejemplo, que en muchos lados hay apagones) y, segundo, le echará la culpa a ARENA por no aprobarle más endeudamiento en la Asamblea. 

El gobierno confía en que le puede echar la culpa de su pésimo gobierno a ARENA porque ésta, ocupada en visitar y revisitar sus sedes locales para asegurarse y reasegurarse de la lealtad de sus funcionarios internos para las siguientes elecciones internas, nunca tiene tiempo ni interés para decir nada y menos para protestar firmemente. Como resultado, mientras peor es el gobierno del FMLN, más cae la popularidad no sólo del FMLN sino también de ARENA. Y hay menos protección contra los abusos del FMLN. 

Mucha gente no lo realiza, pero por este camino iremos, poco a poco, cayendo en la desgracia de Venezuela.  

*Máster en Economía, 
Northwestern University. 
Columnista de El Diario de Hoy.

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